Aprender haciendo

Hoy he tenido una charla con una adolescente. Estábamos hablando sobre el canto y el baile, y la conversación fue algo así:

-Es que a mí no me gusta bailar
-¿Qué es lo que no te gusta del baile?
-Pues bailar, no me gusta bailar.
-Sí, ya lo entendí… ¿pero QUÉ es lo que no te gusta de bailar?
-Pues… mmm… que me da vergüenza porque no sé bailar.
-¿Desde cuándo no sabes bailar? ¿Cuando naciste sabías leer?
-No, pero lo he aprendido todo muy rápido.
-¿Y cuántas veces has practicado el baile? ¿Muchas o pocas?
-Pocas, porque no se me da bien.

Este tipo de conversación de besugos se repite al tratar de hablar con los y las adolescentes. Parece que les han convencido ya a su tierna edad de que no son capaces de hacer nada que no sepan hacer ya. Son demasiado mayores para aprender. No se les da bien.

Es desastroso constatar que muchos de los propios docentes, que no deben haber desarrollado mucho el autoconocimiento, están persuadidos de que nacemos con posibilidad o imposibilidad para lograr hacer determinadas tareas.

Sin duda, los que hemos aprendido a hacer varias cosas muy diversas en nuestra vida sabemos que:

  • Todo es aprendible. Mientras no hay un daño en el organismo, cualquier persona puede aprender cualquier cosa, si invierte el tiempo necesario.
  • Es un proceso, y no es posible lograr en un día lo que a otras personas les lleva años de evolución y aprendizaje.
  • Y lo más importante: aprender requiere práctica. La única forma de aprender a hacer algo es haciéndolo. Yo soy guitarrista, y sin duda jamás habría logrado aprender a tocar la guitarra leyendo libros sobre cómo se toca.
  • La única forma de saber si algo me gusta, es probar a hacerlo. Si no lo he hecho, sólo puedo imaginar cómo me sentiré haciéndolo. Pero sabré cómo me sentiré cuando lo haga.

Acabo de leer lo que he escrito y en el fondo no es más que una gran cantidad de obviedades. Es inaudito estar escribiendo estas cosas. Sin embargo, en absoluto son cosas tan obvias para la mayoría de las personas de esta cultura: todo el mundo piensa que Messi nació con un balón entre los pies, que Mozart tocaba el piano de recién nacido y que Einstein cogía el biberón con una mano y con la otra escribía fórmulas científicas. Conozcamos brevemente algo de estos tres magníficos personajes.

El padre de Wolfgang Amadeus Mozart ya era músico del príncipe arzobispo de Salzburgo. Componía y daba clases de música ¡del año 1756! El mismo año del nacimiento de Mozart su padre publicaba un tratado sobre la interpretación de música con el violín. Y cuando nació éste, abandonó su trabajo para dedicarse exclusivamente a la formación de Wolfgang. Obviamente en aquella época el niño no iba a la escuela así que es fácil entender que no hacía fichas de colores, ni al padre le interesaba que su hijo pintara sin salirse del cuadro. Simplemente tocaba el violín todos los días, seguramente varias horas, enseñado por su padre, un experimentado profesor que había escrito un libro sobre el tema. ¿Cuántos libros sobre violín se publicarían en todo el siglo XVIII? ¿Seguís pensando que Mozart fue un genio desde que nació?

Hablemos de Messi. A los cinco años comenzó a jugar en un club de fútbol de barrio dirigido por su propio padre (¿os suena?). Después jugaría en nuevos equipos como el Club Atlético Central Córdoba. Le diagnósticaron una enfermedad y nadie daba un duro por él. Pero un futbolista y entrenador retirado que había debutado en el fútbol con el Barça a los 18 años (Rexach), le propuso venir a España a los 13 años con su familia y desde esa tiernísima edad estuvo entrenando en una de las canteras futbolísticas con más recursos del fútbol mundial. Fue el jugador más joven en debutar en la primera división del fútbol español. Parece que nuestro querido Lionel ha practicado bastante…

El padre y el tío de Albert Einstein montaron una empresa de agua y gas cuando él era aún un crío. Como les fue muy bien, crearon también un taller de aparatos eléctricos. Su tío Jackob le daba clases particulares de álgebra (¡de finales del siglo XIX!). También convenció al padre de Albert para que construyera un taller para hacer experimentos en su propia casa, donde fabricaba con su sobrino inventos que esperaban vender; y también le proporcionaba libros de ciencia. En ese entorno, a los 15 años comenzó sus estudios de cálculo infinitesimal. Por cierto que no fue un absoluto desastre como estudiante, lo que pasa es que sus primeros biógrafos no sabían que el 6 era la máxima calificación en Suiza, mientras que en Alemania era la peor. Albert Einstein obtuvo un 6 en todas las asignaturas de ciencias: álgebra, física, geometría, trigonometría… no es de extrañar ¿no?

Bien, lo dicho. La chavala de la que hablaba al principio no ha practicado como para saber si le gusta bailar o si “se le da bien”. Un abrazo a todos.

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