Castigo Vs. Compensación

En la Escuela Savia no existen los castigos.
Así dicho, a bote pronto, parece algo impensable. Es más, si cualquier persona se acerca a la escuela y escucha hablar a los alumnos pensará que simplemente es mentira.

Efectivamente: tras pasar un día en la escuela cualquier persona que escuche las conversaciones privadas y asamblearias puede escuchar la palabra sanción en varios momentos. No es censurable que muchos adultos (padres de la propia escuela entre otros) e incluso algunos niños a veces tengan dudas entre una cosa y otra. Procedemos de una cultura muy moralizada y negativa en la que todo se etiqueta con categorías conocidas y es difícil ver qué hay más allá.

Sin embargo la diferencia es total. Esta mañana, durante nuestro Taller de Vida de los viernes, una persona de las mayores del grupo de Primaria aclaraba: “es muy sencillo, para mí un castigo es algo que se le pone a alguien para fastidiarle; una sanción para nosotros no es eso: es algo para compensar lo que has hecho, arreglarlo, vaya”.

Efectivamente, las compensación tienen que ver con la responsabilidad, es decir, con hacerse cargo de las consecuencias que tiene algo. Pero no sólo de las consecuencias que tiene para los demás, sino también -sobre todo- para uno mismo. Una compensación no tiene por que ser algo material y su objetivo no es materialista.

¿Qué es un castigo entonces?

La esencia del castigo no se encuentra en su aspecto físico, sino en el moral. Con esto quiero decir que el mismo hecho (por ejemplo, no ver la televisión) puede ser un castigo o una compensación.

El castigo siempre aparece junto a una censura social o personal, un desprecio, un daño a la persona, una desvalorización. En el castigo además existe una obligación externa (o interna impuesta por educación), un perjuicio a la persona y, lo que es peor, se la convierte en víctima.

Un castigo por ejemplo es decir o pensar “ahora te fastidias”, “soy idiota”, “esta desgracia me la merezco”, “eso es para que aprendas lo duro que es la vida”, “te quedas sin esto o lo otro”, “esta es mi venganza”, “para que sufras lo que he sufrido yo”, “soy mala persona”…

¿Y una compensación?

La esencia de la compensación se encuentra en el aspecto moral y en quién nace dicha compensación. Significa que lo importante no es “qué” hago o dejo de hacer, sino “para qué”. Cuando compenso a otra persona me estoy valorando, mi objetivo es aprender, educarme. También estoy asumiendo la responsabilidad en mi cuidado, en mi bienestar y en mi relación respetuosa con el medio. Además en la compensación existe una elección cada vez más consciente de la persona. En dicha compensación hay un beneficio en el desarrollo de la persona, en la valoración de sí misma, un notable incremento en su capacidad de hacerse responsable de sus actos, y por tanto responder del bienestar de su vida y de lo que generan sus decisiones a su alrededor.

Compensación pueden ser por ejemplo: enviar una carta de disculpas voluntariamente, decir lo siento aceptando el daño provocado, devolver algo que me llevé y reconocerlo, decir ¿cómo puedo arreglar eso que te he hecho?, o voy a quitarme esto que me gusta para aprender a cumplir mis compromisos, o también dejo de hacer lo que me apetece hasta que logre hacer esto otro que necesito conseguir.

¿Más concreto? Como le dije el otro día a un niño:

Serás responsable de verdad el día que le digas a tus padres: “a partir de hoy no voy a cenar hasta que no me aprenda una de las tablas de multiplicar, que sé que necesito aprender”, ¿te atreves?.

Eso es una compensación por un periodo de pasotismo o vagancia, e implica la disciplina de guiarse a uno mismo hacia el desarrollo personal. Como le explicaba ayer a una madre, tiene que ver con re-equilibrar una situación: por eso se llama compensar.

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No todas las personas son capaces de algo así.

De hecho la mayoría de los adultos no lo son. Pero todas pueden aprender, y lo habitual es que lo hagan poco a poco. Este aprendizaje requiere de algo realmente costoso: se llama compromiso, y sólo nace cuando existe una auténtica autovaloración y consciencia. También es cierto que no todo el mundo desea aprender. La Escuela Savia es para las personas que sí tienen ese deseo.

¿Podemos confiar que alguien por sí mismo puede llegar a alcanzar tal grado de conciencia que llegue a hacer algo así sin que nadie le obligue? Completamente sí. Tan sólo un ejemplo: hace 14 meses un par de estudiante que acababan de incorporarse a la escuela se llevaron una caja de galletas del despacho; hace un mes uno de ellos lo reconoció y por propia iniciativa la compró con su dinero para devolverla. Cuando el otro estudiante vio que su compañero me iba a dar la caja le preguntó: “¿cuánto te ha costado? yo te pago la mitad”.

Estos procesos de autoconsciencia no se producen automáticamente y es necesario un trabajo constante y paciente por parte de todos que lleva a logros muy importantes, incluso algunas actitudes que a veces echamos de menos en los adultos de nuestra sociedad.

¿Cómo funciona?

Muy a menudo cuando se plantean conflictos en las asambleas de la escuela la persona agraviante le dice a la agraviada: “lo siento ¿qué necesitas que haga para compensarte?”. Si se trata de un daño que un compañero ha hecho a algo de la escuela, siempre se busca cómo reparar el daño. Si se trata de un compromiso incumplido que ya no tiene solución, se invita a la persona rompió su compromiso a que proponga algo que le suponga un esfuerzo para aprender a estar pendiente la próxima vez. Si previamente ya estaba prevista una compensación para dicha situación (aprobada por la asamblea de estudiantes y aceptada por todos los asistentes), es la propia asamblea la que le comunica al agraviante la sanción.

Esto significa que una compensación-sanción también puede ser algo previamente acordado voluntariamente, y funciona genial cuando ha sido así. En el caso de Savia este tipo de cosas se acuerdan diariamente en la asamblea del principio y del final de la mañana, así como en la asamblea general de los viernes. Pienso que cuando padres e hijos llegan a acuerdos de convivencia sería muy importante pactar este tipo de compensaciones y aplicarlas cuando el acuerdo flaquea. De esa forma el acuerdo se hace realmente firme.

Y así, no sin equivocaciones y frecuentes revisiones (pues todos hemos aprendido a funcionar en base a amenazas, premios y castigos, y nos cuesta romper esos hábitos), se va produciendo en la escuela un proceso de aprendizaje de una responsabilidad diferente, que nada tiene que ver con las obligaciones, sino con los compromisos y sus consecuencias.

De todas formas para evitar confusiones, creo que incluso convendría que dejemos de usar la palabra sanción, porque en general la gente entiende otra cosa.

Espero que esto ayude a comprender la naturaleza de la intervención educativa y autoeducativa que es necesario realizar para desarrollar la disciplina auténtica, es decir, la capacidad de aprender por mí mismo y llevarme al bienestar de encontrarme en paz conmigo mismo y con el mundo.

Un abrazo.

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
eudec
Convenio Educativo conUniversidad Camilo José Cela

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