Cómete sólo una cucharadita más… de lectura

Es habitual en los hogares españoles, por no sé qué manía de considerar la lectura como una quintaesencia de la infancia, tratar de hacer tragar letras y páginas a troche y moche y sin criterio a nuestros hijos y pupilos. Después, de adultos, no importa que ya no haya tiempo para esas cosas, ya se sabe, el trabajo, las obligaciones domésticas… Pero de niños, hay que aprovechar.

El resultado es que todos acabamos pensando lo que pareciera que los editores desean. “La lectura es muy importante para la vida”, “si no leen se están perdiendo una parte fundamental de la infancia”, “si no leen de pequeños, nunca leerán”. Creo se nos está yendo de las manos, y con tanto ensalzamiento lo que estamos provocando es el efecto contrario: alergia. Parece que fuera mejor tener ganas de vomitar, que quedarse con algo de apetito, cuando en realidad es lo contrario.

Siguiendo con la comparación gastronómica, no es raro escuchar a los padres decir a sus hijos “lee un párrafo más”, cuando no es una página u otro capítulo. Eso me recuerda a la frase “otra cucharada más de soooopa”. Parece que es importante que se lleven la ración tragada, aunque no la vayan a asimilar porque su cuerpo no da para más.

Lo explicaré con más comparaciones. En lo personal a mí no me gusta especialmente el deporte. Lo practico de vez en cuando, y me siento razonablemente ágil y suelto para mi día a día. Si hago ejercicio no es para demostrar nada, sino para sentir el bienestar del cuerpo en marcha. Pues con la lectura es lo mismo. No se trata de demostrar que leo mucho, “porque leer es bueno”, sino de tener mi mente y mi corazón en marcha, en comunicación y disfrutando de conocer otros mundos.

Hay gente a la que no le gusta bailar, otros odian ver la televisión, a mucha gente le resulta indiferente la pintura, por no hablar de los adelantos científicos, o las manualidades, las leyes, la costura o la mecánica del automóvil. Todos esos parecen asuntos de mucha relevancia para el día a día de cualquier persona en nuestra sociedad. Pero nadie se plantea decirle a un niño… “juega cinco minutos más al fútbol”, “bailate otro pasodoble antes de irte a la cama”, o “aprende a tocar otro instrumento musical más”. ¿Qué hace a la lectura algo tan prodigioso que tenga prioridad por encima de la danza, la ciencia, la música o la resolución de problemas?

Yo pienso que no. En nuestra sociedad racionalista y filósofa, los interesados quizá pongan el grito en el cielo. Pero yo, como intelectual y muchas otras cosas, creo que el texto escrito no es más ni menos que una expresión del espíritu que habita en los seres humanos que lo usan para comunicarse. Con el mismo fin se usa el cuerpo de forma rítmica o atlética; también el juego es una expresión de la comunicación humana; lo mismo podríamos decir de la meditación, las lágrimas o un baño de sales. Son actividades que nacen del deseo humano de autoexpresarse y expandirse hacia otros mundos y personas. ¿Para qué hace falta leer un párrafo más? ¿Cuánto de orgullo paterno y de imagen docente hay ahí escondidos?

El asunto es que, si la lectura es algo valioso “siempre y en todo lugar” ¿qué ocurre para que necesitemos que nos obliguen a leer para descubrirlo? Concedamos el beneficio de la duda a los lectores que se enfrentan a tantos escritos que han sido vendidos a través de los ojos a los padres y a los profesores, pero ni siquiera rozan el alma de los niños. Concedamos que por muy auténtico, único y valioso que sea un texto, cada lector pone su corazón en él o no lo pone. Y no por ello es mal lector.

Finalizo agradeciendo a mi hermana una lección de vida. Yo llevaba varios meses con el mismo libro sobre la mesita de noche, y me dijo: “todo lector tiene derecho a dejar sin terminar un libro que no le interesa”. Esta es la verdad para encontrar aquella lectura en la que soy un ser pensante, un espíritu en comunicación y no un cuerpo inyectable de palabras. Aunque el texto nos conduce a la libertad, nadie puede alcanza su libertad a la fuerza. Es como lanzar al polluelo fuera del nido antes de que salga del huevo.

2 respuestas a Cómete sólo una cucharadita más… de lectura

  • Pat dice:

    Al hilo de este escrito te recomiendo “Como una novela” Daniel Pennac, contiene un decalogo de libertades acerca de la lectura, entre ellos el que te dijo tu hermana, además de otras cosas muy interesantes.
    Besos

  • Acabo de terminar tu recomendación. Exceñente, muchas gracias. Sobre todo el capítulo último sobre los derecho del lector.
    Si alguien la quiere se la puedo enviar, que me escriba.

    Amor para todo.

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