Crisis educativa ¿qué está pasando?

Aula

Me encuentro bastantes niños y niñas que no dedican un esfuerzo mínimo a su propio aprendizaje.

Al principio de mi docencia pensaba que la escuela podía ser dura para ellos, pero realmente eso era una proyección. En mis tiempos fue mucho más dura, pero no por la parte académica, con la que yo particularmente disfrutaba aprendiendo y ampliando mis propios límites, sino por el ambiente escolar con los compañeros. En la escuela de los 80-90 eran habituales los malos tratos del algunos profesores, malos tratos cariñosos, pero malos tratos al fin. Eso por no hablar de la comparación permanente, y el jarabe de palo, con lo que la mayoría hacíamos casi todo en base al miedo.

Pero hoy en día no lo veo así. Los maestros jóvenes hemos cambiado mucho la forma de enseñar y también de dirigirnos a los alumnos. Hemos dejado atrás mucha de la docencia magistral.

Hoy detecto varias cosas con las que estoy atónito:

-Me admira la tolerancia de los padres hacia la falta de esfuerzo por la propia formación de los niños. Sus hijos suspenden contenidos sencillos y útiles, para los que les bastaría prestar un poco de atención y entrenarse con unos cuantos ejercicios. Y los padres les refuerzan su comodidad poniéndoles profesores particulares.
En este curso sólo conozco el caso de un par de niños para los que dichas clases han merecido la pena. Y sin embargo los padres derrochan su tiempo y su dinero (=su tiempo) invirtiéndolo en algo que sus hijos desvaloran. En cierto sentido les tratan a sus hijos como si fueran inútiles e incapaces de adquirir contenidos sencillos, que están al alcance de cualquier niño de bajas capacidades.

-La soberbia de los niños. Me admira que no aceptan las sugerencias. Replican de forma prepotente, y no saben hacer la O con un canuto. Cuando tienen un problema piden aclaraciones o ayuda, pero no confian en la respuesta. Realmente piden ayuda para que les resuelvan la situación, no para aprender. Da la sensación que ellos ya saben manejar todas las situaciones como si fueran adultos, cuando en realidad su vida en muchos casos es caótica, especialmente en lo social y emocional.

-Desde mi experiencia, todo lo que trabajamos en la educación primaria tiene un nivel de dificultad en la comprensión muy bajo (excepto unos cuantos asuntos). Sin embargo, los padres toleran con increíble normalidad que sus hijos ni siquiera alcancen los mínimos. Esto se demuestra en el hecho de que para algunos niños el aprobado va acompañado de premios extraordinarios, como si estuviera haciendo un esfuerzo fuera de lo común. Este esfuerzo es real en raras ocasiones.

-Al mismo tiempo hay otro importante grupo de padres que no toleran en absoluto las fluctuaciones naturales en las calificaciones de sus hijos. Si mi hijo es de 8, no puedo aceptar un 6. Esto indica un desconocimiento absoluto de la naturaleza humana, que implica una lógica variación en base a la motivación, el interés por un determinado asunto, etc.

-Algo que me enoja terriblemente es que se siga usando la carga emocional para lograr todo de los niños: “mira cómo me haces sentir”, “fíjate cómo lo está pasando por tu culpa”… y de una vez por todas no haya una conciencia de que cada persona tenemos en nuestra mano la capacidad de no sufrir en función de cómo asumamos lo que vivimos, y que tenemos la capacidad de poner nuestros límites para que los demás no los invadan. Además esa es una carga emocional adicional que nos pasará factura: por ella nuestros hijos nos rechazarán cuando tengan edad para hacerlo. No tenemos derecho a provocarlo. El chantaje emocional “lo que sufrimos con lo que tú dices o haces” es la forma más rastrera de control y de poner en los demás la responsabilidad de lo que cada uno de nosotros sentimos. Es una agresión al principio de libertad y de dignidad humana.

Todo esto hace que los niños de hoy en día vivan una realidad sorprendente. Algunos padres comienzan a saber todas estas cosas. Pero de saber algo a cambiarlo hay un paso enorme: la acción. Y retirarse de la vida de los hijos, dejando de salvarles de cada situación es algo por lo que cualquier persona sería tachado de mal padre o mala madre. Están enfrentadas nuestra imagen social y nuestra responsabilidad. ¿Por qué opta cada uno?

5 respuestas a Crisis educativa ¿qué está pasando?

  • Hernando dice:

    Hola Fran,

    Tienes una capacidad de análisis muy aguda. Yo, que también me dedico a la docencia en la universidad, no me había dado cuenta de que algunos síntomas que mencionas también lo presentan alumnos míos. Un saludo. Hernando.

  • Catalina dice:
  • Pilar dice:

    Sobre las cosas que has detectado, mi punto de vista:
    -los niños no se esfuerzan para casi nada: me he quedado flipada en la piscina a la que ha ido mi hija de 5 años durante un par de meses, al ver a niños de ocho y diez años (y un caso de una adolescente) vestidos y peinados por sus madres, cuando mi hija de casi tres ya hace muchas cosas sola. Así que no me extraño de que tengan profesores particulares ante cualquier dificultad con los contenidos escolares;
    -esto mismo les hace prepotentes, puesto que han tenido a su servicio a los adultos, que no les han acompañado para encontrar las respuestas, sino que les han dado las soluciones para casi todo. Resultado: los niños viven como algo natural que atiendas sus requerimientos. Supongo que esto les lleva a generalizar la falta de respeto a los adultos; no sé en qué medida muchos padres contribuyen a esta desvalorización del profesorado cuando no inculcan en sus hijos el respeto que deben a la persona que lidera la clase;
    -también muchos pasan tiempo solos y sus necesidades reales quizá no han sido atendidas cuando lo necesitaban, así que se han buscado la vida y parecen muy duchos en su vida emocional, cuando tienen carencias grandes y mucho caos interior;
    -ah, y la culpabilidad con la que se carga a los niños… cuando les hacemos sentir culpables se sienten tan mal (lo que más quieren los niños es estar bien con sus padres) que sienten rechazo hacia la persona que les hace sentir así de “rastreros”, tienes toda la razón.

    Lo que veo a mi alrededor: los niños con más presencia paterna/materna en su vida son respetuosos, equilibrados en su trato con los compañeros y profesores, rinden y se esfuerzan… pese a que en el cole no lleguen a “divertirse” o se harten a hacer “fichas”. Ahora que lo pienso, menuda paciencia tienen algunos niños…

  • Gracias por tu aportación Pilar. Es una constatación más. Realmente la ley del mínimo esfuerzo es una ley natural. Y sin embargo les tratamos a los niños como si el mínimo esfuerzo fuera una forma de funcionar errónea.

    Todos los seres vivos se rigen por esa ley. Obviamente, mientras hay alguien que hace el esfuerzo por mí (aunque se fastidie por ello), no lo voy a hacer yo. A veces la gente habla de los niños vagos como si fuera algo anormal. ¡Lo hacen todas las personas por instinto de conservación de la energía!

    También comparto lo que dices de los niños ¡menuda paciencia!

    ¡¡¡Si hasta los profesores nos aburrimos de esas actividades insulsas en las que las editoriales ponen!!!

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