¿Cuál es la diferencia entre educar y amar?

Esta noche me he despertado de madrugada con una pena enorme. En el último cole donde trabajé me arrancaron de mis niños.

No hago otra cosa que recordar sus caras, sus sonrisas, sus gestos de duda o de interés y su ausencia me hace sentir una enorme soledad. Necesité despedirme y nunca lo hice en persona. Así son las leyes de protección de datos. No entienden de emociones.

Para mí educar es amar. No soy capaz de acercarme a una persona y enseñarle a multiplicar como si fuera un ordenador al que programo mecánicamente para ser eficiente. No me interesan las multiplicaciones, me intereso por la persona que desea aprender, por que sea feliz, por que desarrolle todo aquello que necesite para vivir y sobre todo por que ame vivir. Y si son multiplicaciones, pues multiplicaciones.

No es que me lleve el “trabajo” a casa. Es que en mi trabajo y en mi hogar soy una persona con corazón interactuando con otras personas con corazón.

Necesito deciros a todos mis queridos alumnos (me gustaría podee poner aquí vuestros nombres)… ¡perdón! ¡gracias! ¡lo siento! ¡os quiero!

Perdón por todo lo que pude haber hecho y no hice porque no supe, no tuve las fuerzas o el valor suficiente. Perdón por no ser aún más firme al defender vuestros derechos como personas e imponeros cosas que sabía que eran inapropiadas pero me imponían desde arriba y no me atrevía a desafiar por la tranquilidad de un salario a fin de mes. Perdón por no hablar mejor vuestro lenguaje, por tardar a veces demasiado tiempo en reconocer errores o por enfadarme por simples expectativas incumplidas.

Gracias por ser mi mejor escuela de magisterio. Gracias por tantíiisimo cariño que me disteis. Gracias por aceptar mis propuestas. Gracias por compartir vuestra asombrosa creatividad en tantos proyectos que hicimos juntos. Gracias por ser tan diferentes y tan únicos cada uno y cada una. Gracias por los poemas, las encuestas, las pistolas de silicona. Gracias por ser mi campo de experimentación. Gracias por tanta información sobre vuestro proceso de aprendizaje, lo que os servía y lo que no. Gracias por no decirme a todo que sí y ser críticos con mis ideas. Gracias por aceptar mis propuestas y confiar en mí aunque algunas cosas no las entendierais en un primer momento. Gracias por encima de todas las cosas por ser mis MAESTROS. Gracias por ofrecerme vuestro amor y aceptar el mío. Gracias por abriros a una forma de relacionarse en el aula tan diferente a lo conocido.

Lo siento. Siento tristeza por la distancia física que se abrió entre nosotros, porque muchos adultos no entenderán que para mí sois personas a las que quiero, no alumnos que tuve y os mantendrán distanciados. Siento alegría de darme cuenta de cuánto amor pongo con las personas con las que trabajo, y eso lo he visto gracias a vosotros: un amor no empalagoso o sobreprotector, sino el amor del que disfruta viendo el bien-estar de las personas con las que comparte su día a día y las ve como personas, no como alumnos, clientes o euros; un amor con ética. Gracias por enseñarme a tener esa relación con mis alumnos. Gracias porque con vosotros desarrolle la fuerza y la sabiduría para emprender ahora un nuevo camino con otros niños y niñas en un espacio nuevo.

Os quiero. Sin más. Sin menos.

Hasta la próxima vez que nos crucemos. El recuerdo de los sentimientos que viví con vosotros nunca lo borraré de mi corazón.

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