¡Cuidado con las emociones!

En nuestra educación nos han dicho siempre que hay que tener cuidado con las emociones. Que no debemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos, y que si los hacemos caso podemos convertirnos en eternos adolescentes siempre cambiantes e incapaces de alcanzar objetivos. Nos han dicho que los sentimientos por sí mismos nos llevarían a estar tan pronto felices como tristes, y que eso no es bueno para vivir la vida y afrontar las situaciones cotidianas.

Esto que nos han dicho es un introyecto muy fuerte sobre las emociones que está haciendo que millones de personas en el mundo no les presten atención a éstos, como si fueran una carga que hay que tolerar pero a la que no hay que hacer caso, si no queremos claudicar y ser unos inmaduros permanentes. Y sin embargo el sistema de guiado emocional es, desde mi punto de vista, el más eficaz de cuantos tiene nuestra especie. Efectivamente las emociones son cambiantes, y eso es lo normal. Nos alejan de los potenciales peligros y nos recuerdan dónde está la verdadera fuente de la felicidad. Si hiciéramos caso de nuestras emociones, haríamos menos caso de la opinión de los vecinos, padres, compañeros, etc. Conclusión: seríamos más felices haciendo lo que necesitamos.

Pero no nos engañemos, en realidad la única emoción a la que nos han enseñado a temer es a la rabia ¿por qué? Todos los sentimientos tienen la finalidad de guiarnos para poder alcanzar nuestro objetivo vital. No hacerlos caso es la forma segura de enfermar y morir antes de tiempo. Particularmente la emoción de la rabia o el enfado tienen la función de ayudar al individuo a mantener a salvo su territorio. Es la que nos mueve a poner nuestros límites para no dejarnos invadir. Surge en la persona cuando ésta siente una agresión de su espacio, cuando el ambiente trata de forzarla a hacer algo que su propio organismo percibe como perjudicial o lesivo.

Una vez más, nuestro guiado emocional tiene la clave de nuestra felicidad.

6 respuestas a ¡Cuidado con las emociones!

  • Ignacio dice:

    Lo siento pero en esto no puedo estar de acuerdo. Hay emociones irracionales y dañinas que no merecen ser respaldadas. En un momento dado pueden entrar ganas de ahogar a alguien, pero eso no significa que deba hacerlo. Es necesaria una previa purificación antes de poder responder a lo que sentimos. Es mi opinión.
    ignacio

  • Efectivamente, las emociones no merecen ser respaldadas. Nosotros somos los que necesitamos y merecemos ese respaldo ante lo que sentimos. Darme cuenta de cómo me siento y ver qué hay detrás de dicho sentimiento es una buena forma de “purificarnos”. Creo que con distintas palabras vamos hacia lo mismo, Ignacio.

    Es fundamental no confundir la agresividad con la violencia. No estoy hablando de dar golpes a diestro y siniestro cuando nos enfademos. (Puntualmente en terapia es muy útil para resolver situaciones y aprender, pero no estamos hablando ahora de eso, claro)

    La agresividad es la energía con la cual tomamos decisiones, somos capaces de hablar con nuestros jefes o compañeros cuando tratan de controlarnos o fastidiarnos, y nos quitamos cargas y abusos o ataques externos. Es una emoción funcional y natural de todos los seres vivos que tiene una función sana. Cuando no la expresamos de forma sana y equilibrada es cuando se convierte en violencia.

    Gracias por tus comentarios.

  • Ignacio dice:

    Si, en eso estamos mucho mas de acuerdo.
    Suele haber dos alternativas. Una es intentar cambiar o manipular al otro para que se amolde a nuestras expectativas. La otra es cambiar tu y perdonar.
    Hemos de elegir entre calzarnos o pretender que nos alfombren el mundo.

    No hay de qué, es un placer.
    Ignacio

  • Exacto. Las expectativas nos llevan siempre por ese camino.
    Yo aún diría más. La alternativa a vivir a base de expectativas sobre lo que “tendrían” que hacer los demás es algo tan simple y tan esencial como el respeto.

    Pero esto entiendo que es para valientes.

  • pilarcasota dice:

    Al hilo de lo que decís, es más fácil respetar a los otros cuando nos queremos lo suficiente como para no censurar cada emocion que se sale de la llista de emociones aceptables, cada deseo “no adecuado”. Entonces sentimos que los otros tienen el mismo derecho a ser quienes son en verdad.

  • viergom dice:

    Me encanta lo que acabas de decir, pilarcasota. Me identifico totalmente. ¡Sin censura! ¡Sin censura!

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