Diferencia entre sanciones y castigos

A diario en Savia, y por tanto en la vida, se presentan situaciones de conflicto, de faltas de respeto (leves o menos leves), de falta de responsabilidad en las que nos vemos forzados a actuar para mantener un orden que proporcione bienestar e integridad a todas las personas.

Por eso a menudo surge la duda entre alumnos y padres entre ambos términos, que aunque la Real Academia Española no diferencie apenas, en Savia tiene significados bien distintos. Por eso me gustaría clarificar para que no nos perdamos en conflictos de vocabulario y vayamos a la esencia del término.

Es especialemente importante comprender esto porque nuestros hijos/as y alumnos/as pueden aprender y acaban utilizando estos términos; una veces, confusamente para chantajearnos y hacerse las víctimas; otras veces, para reclamar un trato más justo y respetuoso por nuestra parte.

¿Cómo encontrar el equilibrio? ¿Cuál es la diferencia en Savia entre una sanción y un castigo?

Un castigo es (por definición) una PENA, y tiene el objetivo de causar dolor a una persona para que su padecimiento produzca satisfacción en el deseo de venganza de otra y obediencia de cara al futuro. Pretende doblegar la voluntad y la moral de la persona para lograr su obediencia y sumisión contra lícitas aspiraciones personales.

En el ámbito familiar la forma más común de castigo son los insultos, las palabras de desvalorización, las agresiones físicas de desquite o para generar temor, etc.

En el ámbito escolar, se castiga cuando se deja sin recreo al que no hace los deberes (no hacer los deberes no es una falta de respeto a los demás, y aprovecharlo para seguir aprendiendo sólo tiene sentido cuando nace de la reflexión y el acuerdo, no de la imposición), se castiga cuando se manda copiar varias veces una frase para lograr que la persona obedezca y se someta aceptando y acatando una afirmación (la que le mandan escribir), se castiga censurando a la persona y no el comportamiento, se castigo haciendo afirmaciones que desvalorizan a la persona tales como “no vales para nada”, “pareces tonto”, “nunca aprenderás esto”.

Por otra parte, una sanción es un LÍMITE extraordinario que ponemos con una persona que no ha respetado un límite ordinario y acordado en su interacción social.

En ese sentido, una sanción es impedir a un hijo que meriende durante una semana cuando éste se ha comido la de sus hermanos, es impedirle disfrutar parcialmente de su tiempo libre cuando ha llegado tarde en otro momento de tiempo libre, es impedir que dos personas estén juntas cuando se pelean a menudo, es no consentir que vea la televisión al día siguiente cuando se ha pasado del tiempo previamente acordado, o retirarle la comida a alguien que está despreciándola. En todos estos casos se establece un límite adicional. Dicho límite se hace patente cuando el adulto, en respuesta a una falta de respeto, dice “no”.

En el ámbito escolar, una sanción sería impedir que un alumno acuda a una excursión cuando no respeta las normas del centro; o impedirle que elija realizar o no una actividad cuando anteriormente ha estado molestando a los compañeros cuando estos la realizaban; o impedirle sentarse donde quiere cuando se pone en un lugar en el que está molestando o interrumpiendo a los demás. Al ser un límite extra requiere que el adulto sea capaz de limitar de forma más amplia e intensa el ámbito de actuación del menor en relación con el medio en el que éste (el adulto) tiene la responsabilidad de mantener orden y bienestar para todos. Ha de hacerlo aceptando que el menor va a usar todas las estrategias a su alcance para evitar que ese límite extra se haga efectivo. Para ello el menor puede usar el chantaje, la mentira, el victimismo, la verborrea, la racionalización, la presión insistente, etc. En función de la fortaleza psicológica del adulto ese límite adicional se hará efectivo y por tanto tendrá efecto o se convertirá en nada.

Es interesante señalar que las sanciones así entendidas hacen que dediquemos mucha menos energía para ajustar el comportamiento de nuestros pupilos a una convivencia respetuosa en sociedad.

Estos límites extraordinarios son a todas luces no sólo razonables, sino necesarios, y por tanto imprescindibles, para un desarrollo equilibrado y humanizado. Las penas o castigos sólo tienen efecto contraproducente.

¿En dónde te sitúas tú habitualmente al educar?

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