El derecho a llorar

Hola a todos mis lectores.

Antes de nada quiero agradeceros las muestras de cariño y el apoyo por distintos medios, y muy especialmente a través de Facebook. Es para mí un placer compartir lo que vivo y siento a diario para que el conocimiento que me regala la experiencia llegue a todos.

Hoy, nada más entrar en una clase de criaturas de 7 años, una niña estaba llorando desconsoladamente porque su abuelo casi se muere en un accidente. ¿Por qué no estaba contenta, si el abuelo se había salvado? Porque al enterarse de eso se había acordado de los otros abuelos que murieron repentinamente y de los que no se pudo despedir. Le ayudé a la niña a despedirse de sus abuelos ya fallecidos, y se repuso de la tristeza. Pero cuando me di la vuelta ¡adivinad! Otros 7 u 8 niños se habían conectado con otras tantas pérdidas: el perro muerto, el abuelo que no conocieron y otros abuelos y padres fallecidos, un juguete desaparecido… De repente, me encontré en una marea de lágrimas en clase. Eran lágrimas que tenían pendientes desde hacía dos, tres o incluso cuatro años.

Llorar en clase

Pensé lo que habría pasado si entra otro profesor en clase y llegué a esta reflexión: si alguien entra en una sala y ve a diez niños ríendo, no se extraña, ni se preocupa. Claro, pensamos que con los niños va la felicidad, la diversión, la sorpresa, el disfrutar de todo. Sin embargo si esa misma persona entra en una sala y ve diez niños llorando lo primero que brota es preguntarse qué ha pasado aquí, qué les han hecho, cómo es que están sufriendo tanto.

En nuestra locura social colectiva las lágrimas siguen siendo un tabú. Casi a diario me encuentro niños de tan solo siete años cuya cara muestra una obvia necesidad de llorar, con los ojos encharcados, pero que tratan de evitar a toda costa que la lágrima ruede por su cara. Sólo cuando yoles doy permiso lo hacen. “Si necesitas llorar, hazlo, no te lo tragues”. ¿Cómo es posible que a tan tierna edad ya estén estas almas reprimidas emocionalmente ante algo tan natural como el llanto?

Se nos ha olvidado que tan necesaria y natural es la lágrima como la risa, tan importante es el miedo como lo es la fortaleza. Y sin embargo en nuestra sociedad los adultos están reprimiendo las emociones más naturales y necesarias del organismo… sólo para no sentirse mal ellos mismos, para no afrontar sus propias tristezas y pérdidas.

En la escuela las emociones que indican dolor y sufrimiento se evitan. Alguno diría que no es sano andar aireando las emociones delante de los demás. Otro diría que “vaya marrón para el profesor al que le toque una situación así”. Sin embargo, la felicidad no se juega en las calificaciones académicas, ni en los premios públicos… se juega en el campo de las emociones. En la escuela es un espacio donde también se deben ocultar las emociones.

Cada vez tengo más la sensación de que en la escuela no importan los corazones, y que la educación está pensada para amueblar cabezas, no almas. Es como si el cuerpo fuera sólo una vehículo para llevar la cabeza al colegio y así crear seres humanos que tengan un comportamiento aceptable y alta competencia profesional.

Para lograr que los niños no expresen usamos toda clase de artimañas. Termino con una de esas infames tácticas que me regaló hoy una niña adorable. Me dijo: “cuando murió mi perro, mi mamá me dijo que, si yo lloraba, el perro se pondría triste de verme así”.

Canela fina, las perlas de los padres ¿no os parece? Un abrazo a todos y gracias por vuestra lectura interesada.

6 respuestas a El derecho a llorar

  • Pilar dice:

    Es una tarea en la que estoy metida yo en los ultimos tiempos: admitir el sentimiento, la emoción que experimento o experimenta otra persona a mi lado, y eso incluye el llanto por supuesto.
    Entre las razones para reprimir el llanto de los niños he experimentado todas éstas: nosotros mismos no nos permitimos llorar; la imagen de la infancia “debe” ser la de felicidad por eso un niño llorando nos desestabiliza o nos hace sentir culpables (no podemos resolver aquello que causa su tristeza y entonces si no llora nos convencemos de que ya no sufre); el llanto de un niño nos conecta con nuestras propias tristezas pendientes y preferimos acallarlo.
    Frases represoras como la que te dijo la niña oigo a menudo a mi alrededor: “no llores porque si no fulanito no viene”, “si lloras yo tambien voy a llorar”, “si lloras te doy un tortazo para que llores por algo” (¡toma ya!), “estás muy feo cuando lloras”, “eres un llorica”, “no seas dramatica”,…
    Lo peor: difícil de erradicar esta actitud porque los padres actuales sufrimos la misma represión cuando éramos niños. Y no es fácil percatarse del error.
    Por eso, gracias por este post.

    • Gracias, Pilar por la excelente retahila de frases maltrechas y manipuladoras… que ocultan las verdaderas:

      “Por favor, no llores, pues si te veo llorar me doy cuenta de que yo no lloro ni expreso lo que necesito”.
      “Por favor, no llores, pues arruinas mi imagen de padre todopoderoso que logra que sus hijos sean siempre felices”.

      Cuando pretendemos ser “fuertes” de forma artificial, crece nuestro rechazo a la “debilidad” de los demás. Sólo los débiles rechazan la debilidad. Las personas fuertes, la integran como un elemento natural de la vida.

      Un abrazo enorme. Entre todos enriquecemos este blog que llega a mucha gente.

  • Javi dice:

    Esta semana he sido testigo de una conversación espantosa que me ha recordado a este blog, y quiero compartirla.

    Dos hombres: el primero es un padre de familia que había sido contratado para una obra por el segundo, directivo de un colegio (también conocidos como “centros educativos”) y célibe.
    Llegados a un punto de la conversación empezaron a hablar sobre el típico “cómo son los chavales de hoy en día”. El padre llegó a decirle al directivo que algunos de los profesores de su hijo se habían sentido escandalizados (o algún termino parecido) cuando les había dicho que podía darle una torta a su hijo y ellos le habían mirado como si fuese un maltratador; a lo que el otro respondió con los típicos tópicos más habituales en conversaciones parecidas, con un argumento del peso de un “esto ya no es lo que era”.

    Confieso que me revolví todo por dentro, de arriba a abajo, y por la cabeza se me pasó intervenir en la conversación. Pero como habitualmente, pudo más mantener mi estatus e imagen interesada, que la necesidad de lanzarme encima de ellos.

    No me extraña que los profesores con los que hablase el citado padre se escandalizasen si se lo decía con la misma naturalidad como lo estaba haciendo en ese momento.

    Y lo que más miedo y sorpresa me produce es que un directivo de un colegio defienda el tortazo/azote/meneo a tiempo. ¿Por qué tienen algunos tanta añoranza de cuando estaba muy bien visto dar azotes?

  • Javi dice:

    Por cierto.
    No sé si lo habréis visto este video, tiene relación con el tema de llorar en la escuela y la expresión de las emociones reprimidas.

    Un saludo.

  • Rebe dice:

    Una de las frases de mi infancia: “Esque lloras por todo” o “Las cosas no se solucionan llorando”, tengo que decir sobre esta última, que me decían eso pero luego me lo solucionaban todo, así que aprendí a manipular estupendamente con mis lágrimas.

  • Catalina dice:

    Nos han enseñado a no ser personas, a ser duros, a ser firmes, “si lloras eres un caprichoso” ·los niños no lloran”somos victimas de nuestros propios sentimientos.

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