De dónde venimos

En el año 2014 un grupo de profesores de Valladolid, miembros de la Plataforma “No te vayas a Finlandia”, asistimos a varias reuniones de un grupo de padres que querían crear una espacio educativo respetuoso para sus hijos. En ese contexto, atendiendo particularmente a la necesidad de una escuela que atienda no sólo la etapa de educación infantil, sino también la educación primaria, iniciamos un proceso de reflexión para ver de qué forma atender a esta necesidad.

Tras muchos años de experiencia docente, y cientos de horas de investigación e innovación en el aula, nos dimos cuenta de que ya era el momento. Que hay cientos de profesores y familias en nuestro entorno diciendo que hace falta una educación útil para la Vida, una escuela diferente, pero esperan a que sean otros los que la pongan en marcha. Y nosotros queremos dar un paso adelante y defender este proyecto en el que creemos.

¿Por qué una escuela diferente? En la actualidad tanto la Educación Infantil (hasta los 6 años) como la Educación Primaria se consideran etapas de paso hacia la universidad. Solamente en algunos centros de Infantil se ofrece cierta diversidad pedagógica. Con todo, el tipo de educación actual y las ideas que hay sobre la infancia provocan que las personas de estas edades se desarrollen con un alto nivel de sobreprotección, muy dirigidos y esencialmente etiquetados para casi cualquier actividad. Por otra parte, la contención emocional es una tónica generalizada por una aún insuficiente formación psicológica de los docentes de estas edades. Muestra de esto es que los especialistas de educación infantil suelen ser personas a los que les gustan los niños y creen “tener buena mano”. Sin embargo la educación en la responsabilidad y en el respeto mutuo es algo que es fundamental aprender en estas edades, no sólo los niños, sino sobre todo sus padres.

Por si fuera poco, al llegar a Educación Primaria se suprime la mayoría de las prácticas docentes alternativas, realizándose una instrucción escolar muy enfocada a lo abstracto, esencialmente directiva y que entrena más para hacer exámenes de contenidos innecesarios que al desarrollo de la persona del niño o la niña. Entonces empiezan los libros de texto, exámenes, cuadernos, deberes, lectura diaria obligatoria y un sinfín de costumbres escolares.

Contrariamente a lo que muchos piensan, las leyes educativas en España no avalan esta forma de enseñanza centrada en los conocimientos teóricos y sin embargo una escuela que no eduque así está abocada a salirse del sistema reglado. Estas formas tradicionales se contraponen a las verdaderas necesidades y estilos de aprendizaje del alumnado en estas edades. La enseñanza tradicional campa a sus anchas y según pasan los años las familias empiezan a verse sumidas en un estrés que se ha calificado como “normal”.

Podemos afirmar que esta forma de educación ni es normal ni es ética. No es ético que las escuelas organicen la vida de las familias imponiendo unos deberes que asfixian el entusiasmo por el aprendizaje y roban tiempo de juego imprescindible para un sano desarrollo de cualquier persona. No es normal que se vean forzados a aprendizajes abstractos e inútiles para la vida con la excusa de que es lo que pone en la ley educativa, cuando ese argumento es falso. Tenemos derecho a proteger nuestra vida familiar y dotar a los niños y niñas de herramientas verdaderas y valiosas que les van a dar competencias para la vida: comprensión, expresión, motivación, manipulación, argumentación, creatividad, capacidad de trabajo en grupo, autonomía para el aprendizaje, respeto a su diversidad y ritmos de aprendizaje, y orientación para descubrir cuál es esa faceta de su vida en la que se mueven como pez en el agua: su “elemento”, como le llama el famoso pedagogo Sir Ken Robinson.

Desde el punto de vista didáctico, no debemos olvidar que los niños hasta los 12 años necesitan tocar, moverse, interaccionar, experimentar (los adultos lo llamamos juego pero para los infantes es una actividad muy seria). Se encuentran en la etapa de operaciones concretas, tal como lo definió Jean Piaget (y lo estudiaron todos los maestros en la universidad). Conocen a través de su cuerpo, no a través de su mente. Sin embargo las metodologías aplicadas en la actualidad mayoritariamente reducen esta forma de aprendizaje a situaciones excepcionales, cuando en realidad debieran ser la norma (insistimos: conforme está definido en las propias leyes educativas). Muchos adultos desoyen los conocimientos de una inmensa mayoría de pedagogos que insisten en que esta actividad infantil es algo muy “serio” para los niños y niñas.

Por si fuera poco, con la aplicación de sistemas de evaluación propios de niveles superiores y la obligatoriedad de realizar tareas diarias para casa, la convivencia familiar y la relación padres-hijos se desgasta muy seriamente. Muchas personas de 8 y 9 años no tienen tiempo personal porque tienen que “hacer deberes”, memorizar cosas que no entienden para un examen escrito y pasar muchas horas sentadas y en silencio, tanto en la escuela como en su casa. Cuando llegan a los 10 años tienen un absoluto desinterés por su aprendizaje, y al llegar a la Educación Secundaria lo único que le interesa son las relaciones sociales porque el aula para ellos y ellas sólo significa silencio, exámenes, obedecer al profesor, temor a los castigos y notas, oportunidades de pasar vergüenza ante sus compañeros y tensión cotidiana. ¿Es esta la educación que queremos en pleno siglo XXI?

Ante esta realidad debemos preguntarnos. ¿Es posible aprender en estas condiciones? ¿No hay otra forma de aprender? ¿Los niños son vagos por naturaleza? ¿Realmente está siendo eficiente esta forma de educar? ¿Dice la ley que la escuela debe ser así?

Por supuesto que las leyes educativas no hablan de deberes ni de exámenes, eso lo aplican los docentes porque muchos no saben evaluar de otra forma. Las normas tampoco hablan de obligar a los niños a leer o de aprendizajes abstractos sin ninguna relación con la vida (más bien dicen todo lo contrario).

Dejando las leyes aparte, hay docentes que tenemos la experiencia de años que nos garantiza que hay formas de aprender que funcionan mejor y suponen una capacitación académica más elevada. Permitir a los niños vivir su etapa de aprendizaje activo es la única forma de que desarrollen la capacidad de abstracción necesarios para superar cursos posteriores.

Este es el motivo por el existe la Escuela Activa Savia en la zona sur de Valladolid, junto a un hermoso pinar, y con un precioso espacio verde para jugar. En la escuela hay espacio para niños entre los 3 y los 11 años que desde el primer momento quieren beneficiarse con esta forma de aprendizaje autodirigido, en la que se acompaña al alumnado en sus aprendizajes, no se le obliga, activa (aprenden haciendo proyectos grupales), individualizada (con un plan de objetivos propuesto a cada alumno según su edad) y definitivamente respetuosa y feliz.

Además estamos investigando de qué forma ofrecer a nuestros alumnos continuidad en un proyecto de estas características una vez cumplidos los 12 años.

¡Estamos encantados de compartir este proyecto contigo!

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
eudec
Convenio Educativo conUniversidad Camilo José Cela

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