Gran confusión con la inteligencia emocional

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Hoy he vuelto a recibir un e-mail anunciando un enésimo curso online sobre inteligencia emocional. Estoy persuadido de que por parte de las instituciones que imparten dichas formaciones no hay una verdadera conciencia de la trampa que esta manida expresión encierra. Pero no les culpo.

El libro de Goleman “Inteligencia emocional”

Ha sido más exitoso y reconocible por el hecho de dar importancia a las emociones que por su contenido. Por fin puso en boca de muchos la parte emocional de las personas. Pero lamentablemente se perdió una excelente oportunidad: divulgar en qué consiste la parte psicoemocional de las personas, cómo funciona, cómo nos dañamos y cómo evitarlo.
En lugar de hacer esto, Goleman desarrolló todo tipo de argumentos teórico-científicos, en los que importaba más la argumentación racionalmente sustentable que reflejar el funcionamiento real de la parte emocional del ser humano. Para hacerlo es necesario ser un maestro de la vida, no un científico. No se pueden defender argumentos sobre las emociones citando libros, autores y estudios estadísticos.

La inteligencia emocional ha quedado como una expresión que se refiere a una actividad racional asociada a las emociones.

Por otro lado, la parte emocional siempre ha venido condicionada a las costumbre de cada cultura: lo correcto y lo incorrecto (no pegar, no gritar, no llorar, no deprimirse…). Sin embargo el propio Goleman (1996, 4ª ed., p.61) defiende en su “Inteligencia emocional” que ésta se caracteriza por la capacidad de:

  • motivarnos a nosotros mismos,
  • perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones,
  • diferir las gratificaciones,
  • regular nuestros propios estados de ánimo,
  • evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y
  • empatizar y confiar en los demás.

Según dichas características el sistema emocional parece ser eficaz cuando el individuo cumple con unas determinadas lineas morales (me refiero a la moral en sentido etimológico, como “costumbre”). Me resulta obvio que la descripción de Goleman está sustentada en un determinado código ético (un tanto neurótico) sobre lo correcto e incorrecto en el ámbito emocional. Si llevásemos la descripción de Goleman al extremo nos encontraríamos en que un individuo con inteligencia emocional en grado sumo cumpliría las siguientes características:

  • autoengaño a sí mismo
  • empeñarse ciegamente en un objetivo aunque sea autodestructivo
  • actuar por el bien ajeno, prescindiendo de las gratificaciones
  • autorepresión y automanipulación emocional
  • excluir los sentimientos de la actividad racional
  • proyección en los conflictos de los demás

Sin duda son las características del neurótico perfecto.

¿Cómo es posible que una persona con una excelente inteligencia matemática sea un portento y una persona con “esta” excelente inteligencia emocional sea un neurótico? Porque está basada en aspectos morales de la sociedad, no en el “homo animi motus” (hombre movido por su alma), el ser humano emocional.

Debo decir, sin dar caso a la ambigüedad, que Goleman define la inteligencia emocional por sus características cognitivas y morales.

Es fácil concluir que por eso mucha gente cree que leyendo un libro o asistiendo a una conferencia o curso online se puede ampliar la inteligencia emocional. Parece que si tengo buena información sobre “cómo funcionan mis emociones”, seguramente podré ser “más sano” en ese aspecto.

Cómo aumentar mi inteligencia emocional

En absoluto. La inteligencia emocional no es posible aprenderla en ninguna presentación powerpoint, pizarra, vídeo de youtube o libro. Sólo la puedo aprender en mi cuerpo. Ya somos seres emocionales perfectamente dotados, no necesitamos estudiar, en todo caso necesitamos estudiarnos.

El conflicto se da cuando mis emociones no concuerdan con lo que el mundo espera o reclama de mí. Para no entrar en conflicto con el entorno, comienzo a descontactarme y entonces el conflicto se produce en mí (es un mecanismo denominado retroflexión). Esto ocurre desde que somos niños, de forma que una sabiduría que tenemos de forma genética, que son nuestras reacciones emocionales ante lo que nos daña, la “olvidamos”. Se da una gran disociación entre los sentimientos (la parte no visible de la dimensión emocional) y las emociones. Ambas realidades, que forman una sola cosa, se convierten en dos aspectos diferenciados cuando aceptamos la presión social. Entonces, para evitar el conflicto externo, nos convertimos en víctimas de nuestras emociones “socialmente inaceptables”. En lugar de expresarlas explotando cuando lo necesitamos, nos contenemos y redirigimos nuestra expresión hacia conductas menos “objetables” por nuestro entorno social.

Propuesta

Invito a todos los lectores a investigar cómo os sentís en cada momento y ver si ese sentimiento lo expresáis a su forma propia (bailando, hablando, llorando, riendo, gritando, dando un puñetazo en la mesa) o lo bloqueáis. Y en este segundo caso preguntaos ¿para qué? ¿cómo me siento interrumpiendome? ¿qué consecuencias tiene para mi salud? ¿por dónde acaba saliendo? ¿de qué me doy cuenta?

Es una invitación a averiguar de qué forma manipuláis la expresión de vuestro sentimiento.

En la medida en la que te das cuenta de tus sentimientos y observas qué haces con ellos en cada momento, te estás formando en inteligencia emocional.

Quedo a vuestra disposición para lo que podáis necesitar.

La Escuela Activa Savia
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