Grandes mentiras escolares

Mentiras escolares

Estoy recordando.

Me acuerdo de todas las veces que he escuchado a los padres decir a sus hijos: “ya verás cuando vayas a la escuela, podrás divertirte, hacer amigos y aprender”. ¡Qué gran mentira! En esta triada, los tres elementos (diversión, amistad y aprendizaje) siempre van en el mismo orden, como si les quisieramos pintar las cosas bonitas a los niños… ¡para que acepten ir! Primero les hablamos de lo bonito y divertido… y para el final metemos lo que realmente nos importa.

El problema es que los dos primeros elementos están bastante lejos de la realidad.

La escuela tiene sentido como espacio de aprendizaje, antes que ninguna otra cosa. Una momento y un lugar donde entrenarse para las mil situaciones de la vida. Cada vez que un padre le habla a su hijo de que en la escuela vamos a divertirnos y a hacer amigos, en el fondo de su corazón, sabe que le está mintiendo. Algo puede que se divierta, y hará algún amigo, solo faltaría… De hecho eso es lo que más recordamos los adultos de nuestro paso por las aulas. Pero no es lo central, ni lo prioritario en la escuela, aunque insistimos en crear unas expectativas que los maestros no pretendemos satisfacer.

De hecho lo normal es que se aburran como ostras repitiendo contenidos que en la mayoría de los casos no serán utilizados en la vida, así que suele haber poca diversión. Si la hay será normalmente como premio a alguna actividad soporífera, condición sinequanon el jolgorio no es accesible.

Respecto a hacer amigos… pues hay de todo. Pero lo más habitual son los encontronazos. La escuela es un espacio perfecto para que los niños aprendan a poner sus límites, que sepan hasta dónde llegan y dejan llegar a los demás. Para aprender a confiar y a desconfiar. Para entrenarse en la autoprotección y en la cooperación.

Sin embargo estas promesas pesan más de lo que pensamos. Los niños, cuanto más mayores sienten la frustración de que en clase no hay fuegos artificiales, ni payasos, ni atracciones de feria. Sólo está la realidad, y allí, en medio, está cada niño con su batiburrillo emocional que nadie le ha enseñado a manejar. Están los desengaños, los cotilleos, los intentos de dominación de unos sobre otros, la desconfianza, los abusos. Así que hacer amigos, es menos ideal de lo que siempre les decimos los adultos.

Por todo esto, la escuela es un espacio esencial para APRENDER… y casi me atrevo a decir, que si eso se alcanza, ya es bastante. Aprender de todo, de los conflictos, de las incomprensiones, de los momentos de disfrute y diversión, cuando se dan, de las equivocaciones y de los aciertos.

Con esto no quiero decir que esté conforme con una escuela tal como la tenemos. Ojalá no fuera así, pero las programaciones establecidas y los métodos generalizados (libro de texto incluido) dan poco juego. Por no hablar de los padres que se quejan de que sus hijos tienen “pocos deberes”… que de todo hay en la viña del señor.

Termino con una petición. Papás y mamás, los maestros no estamos para divertir a los niños. Es fundamental que aprendan a disfrutar -que no divertirse- aprendiendo cosas nuevas, experimentando, y desarrollando capacidades que creían no tener. La escuela no está para hacer amigos. Si se da, ¡fenomenal! ¡ojalá! La escuela está para que aprendan a convivir. Y la convivencia es naturalmente conflictiva. Si somos honestos, nuestros chicos nos lo agradecerán. ¡Mucho cuidado con lo que prometemos!

Un abrazo a todos.

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