La Ciencia de la Responsabilidad

No me canso de decírselo a las familias interesadas en Savia. Es mucho más difícil para los alumnos que vienen de la enseñanza tradicional adaptarse a una enseñanza libre y responsable que al revés. En realidad asistir a la educación dirigida, rígida y tradicional no tiene ningún misterio: sólo hace falta obedecer, no requiere ninguna actividad propiamente humana.

Es fundamental asimilar este aspecto para comprender la enorme exigencia que implica nuestro modelo educativo para sus estudiantes y familias, y lo profundo del cambio por el que estamos trabajando.

Según van pasando las semanas en Savia los avances que se pueden observar en el alumnado de Savia son evidentes: la capacidad de organización, asumir cargos de dirección, razonamiento, descubrir motivaciones, expresar cómo se sienten… Son cambios que cada uno hace a su ritmo pero en todas las personas son evidentes.

Sin embargo, cuando llegan al asunto de la responsabilidad en su proceso de aprendizaje las dificultades y resistencias son muchas. En este aspecto no sólo necesitan aprender, sino algo mucho más difícil: desaprender. Desaprender todo lo que durante la mayoría de su vida han experimentado en la escuela y a menudo también en sus hogares. Desaprender que las cosas van mal por culpa de los demás, desaprender a lamentarse, desaprender que los demás se hagan cargo de sus propias decisiones.

Es un gran esfuerzo asumir que cuando tenemos un objetivo propio, alcanzarlo queda en nuestras manos, piernas, cerebro y corazón. De hecho todos nuestros estudiantes afirman en algún momento: “Que me digan lo que tengo que hacer, que me exijan, y si no obedezco incluso que me castiguen. Si no, no voy a aprender nada”. Todo lo que les requiere esfuerzo es justo aquello que prefieren dejar a responsabilidad de los demás.

Me explico. Todos los estudiantes disponen de tiempo personal para estudiar en la escuela (una hora y media diaria). También disponen de un guión de aprendizaje, de materiales didácticos específicos, así como de personas a su alcance gustosas de ayudarles (los maestros e incluso sus propios compañeros). Tienen todo eso en la escuela, y todo el apoyo disponible en su hogar. Pero nada de eso es bastante cuando la responsabilidad la tienen los demás.

Por eso, al mismo tiempo que algunos afirman “estoy preocupado por mi futuro, porque no sé si aprenderé”, no es extraño ver a esos mismos estudiantes ocupar su tiempo en pasear, observar lo que hacen los demás, o hacer dibujos un día sí y otro también. Pareciera que estuvieran esperando el día en que les diga el maestro: “bueno hasta aquí hemos llegado, ya has visto que si yo no te obligo no haces nada, así que voy a obligarte y ahora no te vas a quejar“. Pero esa es la solución fácil. Ese día en Savia nunca llegará. Ahí llega el momento de la verdad: cuando se ven ante el abismo tienen dos opciones: huir al pasado (es decir, la irresponsabilidad generalizada) o coger la rienda de sus vidas y darse cuenta de que su vida llegará allá donde ellos la lleven. No nos dejemos engañar: aceptar esto es algo muy costoso. Yo diría que ese es el único objetivo vital en su maduración.

Por eso es mucho más sencillo poner esa responsabilidad en otros. Es más fácil poderse quejar, pelearse con los demás porque las cosas no son como ellos desean, etc… jugar al gato y al ratón con el maestro (al que prefieren convertir en malo para ser ellos los buenos), hacerse la víctima cuando las cosas no funcionan. Echarle la culpa a papá o mamá, o al hermano que no les deja hacer los deberes, o a la televisión del vecino que está muy alta.

Yo viví un año en Honduras, donde la gente caminaba tres horas diarias para poder ir a la escuela un día a la semana a estudiar. No sé quejaban de las tareas que les decía que hicieran para el próximo día. No interrumpían en clase: el resto de la semana estaban en los campos doblando el lomo cultivando maíz.

El asunto es que cuando la decisión es real y el compromiso también, los estudiantes aman la libertad de dirigir su propio destino a su ritmo, y no se quejan de que el mundo no les obliga a estudiar al mismo tiempo que ellos están evitando hacerlo por todos los medios. Simplemente se ponen a estudiar.

Llegado a este punto muchos lectores ajenos a la escuela llevarán tiempo pensando: pero una persona de 6, 8 o 10 años ¿es capaz de estar concentrado durante una hora y media diaria en el estudio por propia decisión?

La respuesta a esta pregunta no es asunto menor, ni una duda filosófica. Sólo se puede verificar en la práctica. Por no hablar por mi boca, sólo una sugerencia: pregúntadle a la maestra en prácticas que hemos tenido estas últimas tres semanas en Savia. Ella tiene su respuesta y se la ha dado a mucha gente. Les ha transmitido su experiencia real a quienes se ha encontrado. Sin embargo otras personas, que no han estado jamás en Savia, le han negado que eso haya ocurrido.

Cada uno piensa lo que prefiere pensar, a eso se le llama creencia. En Savia hacemos ciencia.

Francisco Gómez San Miguel
Director

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
eudec
Convenio Educativo conUniversidad Camilo José Cela

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