Educación Activa: toda una Pedagogía para el siglo XXI

Educación Activa son dos términos que empiezan a hacerse populares. ¿Qué significan? ¿constituyen por sí mismos una corriente pedagógica? Sin ninguna duda.

Es importante comprender cómo los aprendizajes escolares se dan en las escuelas tradicionales de una forma mecánica, es decir, no comprensiva. Esto provoca que los alumnos “sepan” sumar números decimales (colocarlos en columna y poner la coma en su sitio), pero no comprendan en absoluto qué cantidades están sumando, qué significa cada cifra y mucho menos qué cosa están sumando y qué van a hacer con esa cosa que están sumando. No nos engañemos, sumar no es algo que hagamos tan frecuentemente, ni mucho menos con esas cifras desorbitadas que se le suele pedir a diario al alumnado de Primaria. Pero parece suficiente con que aprendan las cosas de forma mecánica, los trucos o caminos que al final todos los educadores hemos acabado enseñando una y otra vez a nuestros alumnos para que “respondan a la pregunta correctamente”. ¿A qué pregunta? ¿a una pregunta escolar formulada con el único objetivo de que el alumnado aprenda un truco para responder a dicha pregunta? Es un círculo vicioso que realmente sólo podemos romper por un sitio: por la pregunta.

Con este tipo de enseñanza los alumnos no pueden asimilar para qué sirve lo que estudian ni cuándo no está funcionando o no tal cosa.

La enseñanza tradicional consiste en aprender “algoritmos”, es decir, caminos o trucos mecánicos para hacer las cosas (sintaxis, análisis morfológico, sumas y restas de fracciones de distinto denominador…) de forma numérica o en papel, lo que evita asimilar de ninguna forma en qué consiste hacer esa tarea. El problema es que a los adultos nos da mucho gusto decir que nuestros hijos y alumnos saben operar con muchas cifras y saben términos muy raros. Sin embargo ¿qué nivel de asimilación suelen tener la mayoría con esos conocimientos que decimos que saben?

Efectivamente un niño puede saber multiplicar un número decimal por otro no decimal y escribir su resultado. ¿Eso significa que sepa “multiplicar” números decimales? ¿O significa que sabe un itinerario para llegar a un resultado cuando le dan una tarea determinada? ¿Por qué si no tienen tantas dificultades los alumnos de primaria para resolver problemas?

En realidad es como si nos ponen a trabajar en una máquina y nos dicen que cómo se llama cada pieza y nos explican que cuando aparezca una luz giremos una tuerca media vuelta. ¿Eso significa que sepamos qué hace la máquina? ¿Eso significa que sepamos cuándo podemos usar esa máquina y para qué? En eso consisten la mayoría de los algoritmos escolares tradicionales.

En la educación activa lo que hacemos es destripar la máquina y ver qué hace esa máquina, cómo lo hace y qué pueden meter en ella y qué obtienen cuando la máquina cumple su cometido. Sólo entonces, si sobra tiempo, enseñamos a girar la tuerca cuando se enciende la luz.

Como sólo con ejemplos se entienden las cosas, os contaré que en el proyecto de política de este pasado trimestre no estudiamos los organismos políticos que hay en la Comunidad Autónoma, aunque les entregamos un manual con todos ellos para que los pudieran consultar, sino que les enseñamos qué personas hay, qué partidos, cómo se organizan los partidos, qué objetivos tienen y qué resultados hay si los partidos cumplen lo prometido. También experimentaron cómo se transmiten los objetivos políticos y cómo se elige quiénes van a gobernar. Esta forma de organización la pueden trasladar a cualquier proyecto personal, social o empresarial que deseen desarrollar en el futuro. Aprenden para qué sirve la maquinaria política, no cómo se llaman sus piezas (aunque eso también lo pueden aprender, y se lo ponemos a su alcance).

Haciendo una comparación con el mundo de la magia, en la educación activa no se aprenden a hacer trucos de magia, se aprende a comprender el punto de vista del espectador y del mago y, a partir de ahí, crear trucos. No se enseña a hacer una obra de teatro, sino a interpretar. No se enseña a componer una canción, sino cómo funciona la música y la poesía en el sentimiento del receptor. No se enseñan los estilos pictóricos, se enseña a pintar y cómo se usa cada estilo. No se enseña geografía, sino cómo se vive en cada lugar. No se enseña a describir la energía, sino que se experimenta utilizándola en diferentes situaciones.

La riqueza y viveza de estas experiencias es lo que hace de la educación activa algo inolvidable. Lo que no se olvida es lo que se ha asimilado de verdad. Lo que se olvida (en la educación tradicional es casi todo) es que nunca se asimiló.

Bienvenidos a un nuevo trimestre en Savia.

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
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