La educación perfecta

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En mi entorno hay multitud de amigos con distintas preferencias educativas. Unos abogan por la crianza tradicional, otra por la crianza natural, otros por el tortazo a tiempo, otros por el ten con ten.

Si hablo de los docentes de mi entorno, existen también bastantes diferencias también. Algunos creen que lo importante es la memorización, otros que hay que promover el aprendizaje cooperativo, otros creen que los alumnos deben aprender a hacer esquema y técnicas de estudio. Para otros lo más importante es que el alumno se sienta bien en clase. Otros consideran que lo más importante es el trabajo, alguno aboga por el famoso “jarabe de palo”, y hay quien llega a “la letra con sangre entra”. Tengo varios amigos partidarios del profesor cercano, otros tienden al “desde el primer día mucha firmeza, y luego ir poco a poco soltando cuerda”. Hay quienes creen que la enseñanza es algo puramente de valores, y otros se centran en lo puramente académico.

Seguramente con esta lista extensa sin intención exhaustiva cualquiera de mis lectores os podréis sentir identificados. Seguramente en vuestro entorno hay partidarios de cualesquiera de estas posiciones.

Ahora quiero pararme a analizar el debate que hay entre unas y otras personas. En dichas conversaciones, frecuentemente acaloradas, los participantes suelen tratar de convencer a los demás para que cambien de opinión. Y la pregunta que subyace suele ser “¿qué forma de enseñar es mejor?“.

Esta mañana me levanté leyendo la página web de una ecoaldea de la provincia de León donde los niños viven y se educan libremente y “al natural”. Ayer estuve con unos profesores partidarios de las divisiones de tres cifras. Yo mismo tengo mis preferencias, sin duda. Opto por la educación consciente, insistiendo en el aprendizaje cooperativo y en aprender haciendo las cosas, particularmente con niños menores de 12 años. No le hago ascos a la educación emocional (me parece básica) y en darle a los alumnos la oportunidad de que exploren y aprendan en sus propios campos de interés.

Así que nuevamente asalta la pregunta ¿cuál es mejor?

Con unos ejemplos se va a ver muy claro:

  • Si tu expectativa es que tu hijo apruebe el Grado en Matemáticas e Informática (quizá piensas que el futuro laboral está en la tecnología, o es la carrera que te hubiera gustado estudiar y no te dejaron tus padres), será muy mala una educación centrada en la expresión oral.
  • Si tu expectativa es que tu hija encuentre un buen marido y sea feliz (quizá tú has fracasado en tu matrimonio y te sientes insatisfecha, o puede que tu vida de pareja sea un éxito y disfrutes mucho con eso) será “mala” una educación centrada en las divisiones por tres cifras, en la cuál la niña tiene que hacer todos los días veinte operaciones y diez problemas de matemáticas.
  • Si tu expectativa es que tu hija aprenda a convivir sanamente con sus compañeros de clase (porque tú tuviste una infancia con muchos conflictos o sufriste acoso escolar) será mala una educación en la que el trabajo es individual.
  • Si tu expectativa es que tu hijo esté en el colegio atendido mientras trabajas (quizá trabajas mucho o tuviste al niño de rebote, sin desearlo), te dará lo mismo que hagan o que no hagan nada.
  • Si tu expectativa es que tu hija aprenda a ser una persona en armonía con la naturaleza y el planeta, será muy mala una educación en un entorno urbano, sin contacto con plantas y animales, ni salir a la calle.
  • Si tu expectativa es que tu hijo sea músico (porque es tu afición), será muy mala una educación en la que no tienen en cuenta las artes.
  • Si tu expectativa es que tu hija sea empresaria, será muy mala una educación en la que los alumnos nunca toman la iniciativa, centrada en el ordeno y mando.
  • Si tu expectativa es que tu hijo o hija se desenvuelva perfectamente en cualquier contexto de la vida, será muy mala una educación teórica, descontextualizada, fuera de la realidad, abstracta, irreal.
  • Si tu expectativa es que tu hijo o hija adquiera un título universitario, será muy mala una educación en la que no se obtenga la titulación necesaria para acceder a la universidad o la competencia que tú crees que necesita para aprobar las asignaturas universitarias.
  • Si tu expectativa es que tu hijo sea quien desee ser, será buena una educación en la que promuevan su autonomía y responsabilidad en la toma de decisiones desde pequeñito.

Y entonces… ¿cuál es mejor?

Considero que la pregunta encierra una trampa genial: no puede existir ninguna educación mejor o peor. Que yo recuerde no hay ninguna biblia inspirada divinamente donde un dios haya establecido cuál es “la verdad” en el campo pedagógico. Hace cinco siglos las escuelas colectivas, como hoy las conocemos no existían. ¿Podemos decir por eso que la gente tenía una “peor” educación?

No existe una forma de enseñar mejor o peor per se. Y será peor si el adulto cree que las consecuencias de esa forma de educación no se adaptan a sus expectativas como padre o madre, o como profesor (que también tenemos nuestras expectativas y debatimos bastante sobre educación).

La realidad es que cualquier enfoque educativo de los considerados mejores y peores por cada persona tiene unas consecuencias diferentes sobre el alumno. Lo importante es tener la experiencia sobre cada una de dichas prácticas y sus consecuencias para optar en cada caso por la más adecuada.

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