La nueva escuela que necesitamos no es sólo una cuestión de deberes

deberes

El cambio educativo no pasa sólo por la reducción de tiempo de deberes diario en casa. Hay niños y niñas que llegan a casa y se pasan las horas muertas dedicándose a una tarea como la música, construir estructuras con juguetes modulares o leer -entre otras muchas- y no decimos que eso es negativo para los niños.

Por mi experiencia docente, hay niños que disfrutan haciendo problemas o cuentas, escribiendo poemas o haciendo actividades del libro de lengua.

¿Dónde está entonces la diferencia?
Sin duda en el enfoque no directivo de dichas actividades. Lo hacen por propia necesidad (muchos adultos lo llaman “iniciativa”). Los educadores que practicamos las relaciones respetuosas con la infancia hemos visto en infinidad de ocasiones que quieren aprender de todo lo que les aporta sensaciones de satisfacción. No en vano, el sistema emocional es un sistema de guiado para elegir instintivamente entre lo que es beneficioso (nos equilibramos con ello y por eso en ese momento necesitamos más) y lo que es perjudicial (nos desequilibramos y por eso necesitamos separarnos). Recuerdo una madre que me decía que su hijo llevaba una semana escribiendo poemas a toda la familia después del proyecto de poesía que habíamos hecho en clase.

Sin embargo la escuela actual tiene nada de educación no directiva. De hecho el sistema fundamental es el denominado “enseñanza directa” (el profesor dice y el alumno escucha). El alumnado no tiene la palabra, tiene el acto: hacer lo que le mandan. El cambio educativo debe pasar por darle la palabra al alumno para que organice su tiempo de aprendizaje. Eso no tiene por qué estar reñido con las propuestas de los docentes. Sería irreal pensar que, en un mundo perfecto, los niños se mueven exclusivamente por lo que les apetece hacer en cada momento. En realidad los primeros pasos de cualquier infante se basan en la imitación. Tal como caminen, hablen y obren sus adultos de referencia, obrarán sus pupilos. Si la madre disfruta tocando el saxo, el hijo querrá ser músico. Si el padre disfruta cocinando, el hijo empezará pronto a coger la cazuela.

Por eso las propuestas de los adultos, igual que las que hacen continuamente los alumnosno tienen nada de negativo y de hecho el adulto es un guía para el niño, y como tal debe comprender que su único objetivo es que éste se provea de las herramientas necesarias para vivir en el mundo actual, que aprenda a vivir.

De proponer y guiar a imponer y dirigir hay un paso muy grande con dos consecuencias: rechazo y fracaso. No es sólo una cuestión de cuántos deberes hagan en su casa, sino de cuál es la forma en que el docente proponga los contenidos a estudiar dentro de la escuela. Cuando le digo estas cosas a compañeros de profesión me dicen que es un ideal y es muy bonito pero “hay que dar unos contenidos” y además “está la presión de los padres”. Y yo les digo: ninguna ley dice que hay que obligar a los alumnos (más bien al contrario: potenciar su interés personal) y hay muchas familias que están hartas de padecer en su casa diariamente el estrés familiar a consecuencia de esta organización escolar y están demandando ya una nueva escuela. En Valladolid estamos manos a la obra.

La Escuela Activa Savia
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