La presunción de inocencia del “no”

Abunda en foros de internet de padres y madres concienciados un cierto sentido de culpa. A veces pienso que hemos pasado de usar el no dogmático para todo a prohibir dogmáticamente su uso.

Dentro del proceso de formación de una persona las dos cosas más importantes son: -tener un orden en su vida
-distanciarse de aquello que le daña

Al decir tener un orden en su vida me refiero al orden que implica atender a sus propias necesidades básicas de forma prioritaria: acción y descanso, alimentación y defecación, hidratación y micción, inspiración y espiración, afecto, sexualidad y creatividad. Lo que está claro es que hay un valor principal para dicha satisfacción: el respeto, es decir, aceptar al otro como un ser diferente con sus propias necesidades.

Esto implica que a menudo los adultos necesitamos decirles NO a nuestros hijos, de igual forma que se lo podemos decir a otros adultos. Pero el no al que me refiero está usado para poner el adulto sus propios límites, no para ponerle los límites al niño.

Si un niño quiere jugar en su cuarto y yo quiero que ponga la mesa… si le digo que ahora no puede jugar le estoy poniendo los límites al niño. De esta forma no es posible que aprenda responsabilidad. Y estoy usando mi omnipotencia de adulto para impedirle hacer aquello que necesita (=tú no vas a jugar ahora). Sin embargo, cuando el niño vaya a ponerse a comer a la mesa y me pida la comida, si no ha colaborado en poner la mesa le puedo decir “no” (=yo no voy a servirte comida).

Este es el “no” sano, en el cuál el niño aprende que el adulto es otro individuo; es el “no” en el cuál el adulto se respeta a sí mismo, sin abusar del niño. Esto, cuando se hace de una forma amorosa y honesta, permite que el niño empiece a hacerse responsable de lo que necesita para su propìo bienestar, y aprender a priorizar entre lo básico y lo accesorio.

Si los adultos cubrimos las necesidades básicas de los niños siempre y en todo caso, aunque estos no se hagan cargo de sus propias responsabilidades ¿qué mensaje les estamos mandando?… que lo que ellos hacen no tiene consecuencias para sí mismos. Y de esta forma la vida del niño se convierte en un indefinido embarazo extrauterino.

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