Los niños tienen que aprender a sufrir

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Es importante ver más allá. Pensad en que la mayoría de los profesores vivieron como alumnos una educación represora con castigos y gritos, obediencia y sumisión. Para ellos es “terapéutico” recuperar el poder ocupando el puesto de sus profes represores. Es lo mismo que ocurre con todos los maltratadores, que fueron maltratados en su día, y en el hecho de infligir algún tipo de daño (que en este caso está socialmente aceptado) tienen su compensación/reparación (neurótica).

Si lo pensáis despacio y con honestidad seguramente os veáis reflejadas incluso como madres en ese sentimiento de desahogo en algún instante de vuestra vida. Pues bien, los docentes más represores fueron en su vida infantil los alumnos más reprimidos.

Exactamente tiene que ver con la creencia generalizada de que los niños tienen que aprender a sufrir.

Para mí otra creencia básica, en la que se fundamentan entre otras muchas cosas los deberes, es en el mito de los “hábitos”. Está profundísimamente extendida y recomendada por los educadores y psicólogos la educación de los niños en base a éstos. Es aquello de establecer unas rutinas que se repiten todos los días para que el niño las realice de forma automática. Por desgracia dichas rutinas en las que se educa conductistamente a los niños como si fueran perritos no se centran en que el niño atienda a sus necesidades sino que se acomoden a las necesidades de sus padres. Según esto el niño debe hacer deberes todos los días para que coja el hábito de estudio personal diario. Lo mismo podríamos decir de otras muchas actividades rutinizadas o habitualizadas para los niños. En ello se pone de manifiesto que nada importa lo que se haga durante ese tiempo de deberes sino que lo que importa es que se haga algo todos los días. De esta forma se anula la capacidad del niño de darse cuenta que necesita hacer en cada momento, se le impide desear saber más sobre lo que trató en la escuela, se le programa para qué anule su resistencia a hacer cosas que en realidad necesita no hacer, puesto que si las necesitara hacer no tendría sentido el hábito inducido por sus padres o maestros.

Sé que esto del hábito es algo muchísimo más difícil de vencer por la enorme presión social, por lo que os brindo una forma de hacerlo: “a mi hijo le educo en el hábito de hacer en cada momento lo que necesita (no lo que le apetece) respetando las necesidades de los demás, y asumiendo las consecuencias de lo que hace”.

La Escuela Activa Savia
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