No te lo tomes personalmente

Cotilleo

Se levanta el día. Ayer doy una opinión personal y hoy se levantan contra mí las voces de aquellos que se sienten heridas por mis opiniones. ¿Por mis opiniones? No, por la interpretación que dan a éstas. De nada sirve explicarme, ya lo tienen muy claro. Ya he sido juzgado y condenado sin oportunidad de explicarme. “Todo el mundo entiende lo que quieren decir las palabras”, me dicen. Y yo insisto, no es verdad, interpretas lo que no dije. Da igual que explique el significado. El daño ya está hecho, la ofensa ya está sentida.

Este es el día a día en la relación con las personas que se toman las cosas personalmente. Si digo que no me gusta el rock&roll, resulta que un conocido mío es amante del rock&roll, y “se siente despreciado” por mí. Si digo que yo no me casaría por lo civil, una compañera de trabajo que se casó por lo civil, dice que la estoy agrediendo. Es que hay “palabras que hieren y no se deben decir”. Ya lo dice la canción. Si opino que una decisión no me parece oportuno votarla, los demócratas se alzan contra mí, por dictador. Y añaden: “sí, muy bien, justifícate como quieras, pero está claro lo que tu piensas y quieres, conocemos muchos como tú; odias la democracia y quieres destruir lo que nosotros hemos conseguido”. No es una exageración, amigos, ocurre.

Se hace muy difícil la vida con las personas que se toman las cosas personalmente. Lo peor es que, además estas personas suelen buscar aliados para que le confirmen que están en lo cierto. De esa forma, la interpretación y el malestar empieza a contagiarse entre las personas que se dejan enganchar. Y llega un momento en que aclararlo es muy difícil pues ha llegado a demasiada gente.

Hace unas semanas pasó esto. Una niña A le dice a su amiga B que otra niña C ha escrito un insulto sobre B en una silla. Entonces B está muy ofendida, ni siquiera va a comprobarlo, interpreta que C la odia y que no quiere saber nada de ella, justo cuando empezaba a pensar que eran amigas. Entonces B empieza a decirle a sus amigos/as y al resto de compañeros que C es muy mala persona porque le escribió un insulto. Todos los compañeros, dejándose contagiar por el cotilleo, empiezan a rechazar a C, dejándola aislada. Nadie ha ido a comprobar lo que A dijo. Hasta que un día me cruzo con la historia, y voy a comprobar dónde estaba escrito el insulto. C no había escrito lo que A había dicho. En resumen, A interpretó lo que no era. Pero el daño ya estaba hecho. El rechazo se había normalizado y es mucho más costoso extender la rectificación que extender el cotilleo destructivo. Parece que hay cierto goce en hablar mal de los demás, nos sale solo.

Hubiera bastado que B le preguntara a C si lo había hecho y si es cierto lo que se imagina. También hubiera servido que B hubiera hecho su comprobación. Pero eso nunca se llega a dar. Este es el cotilleo destructivo, alimentado por personas que se toman las cosas personalmente, en base a interpretaciones, y sin hablar directamente. Este es un mal que está en nuestra sociedad, promovido por la televisión, por el cotilleo en el trabajo, en las pandillas, en los colegios, en los grupos de adultos y de jóvenes. En todas partes.

La solución pasa por hablar directamente y escuchar. Pero es difícil, pues estas personas prefieren ser víctimas y así estar en el centro de la atención de los demás, chupando la energía con su victimismo. Prefieren no escuchar la realidad. Prefieren tomárselo personalmente. Es más cómodo. Si nadie les agrediera ¿cómo podrían importarle a alguien? Si no sufrieran ¿cómo conseguirían la atención de los demás?

Doy gracias a la vida porque son muchas las personas que están a mi lado y que no se toman las cosas personalmente, que no interpretan. Doy gracias por aquellas que cuando ven algo extraño, primero me preguntan, y escuchan la respuesta. Con ellas el encuentro y la conversación es viable. Con ellas la solución de conflictos es posible. El respeto y la cooperación es funcional y la vida, una oportunidad maravillosa de aprender.

3 respuestas a No te lo tomes personalmente

  • Pilar dice:

    Mi experiencia en el colegio: los malosentendidos y los conflictos eran interesantes porque hacían la vida del aula menos aburrida, las movidas molaban. Y la “víctima” de una supuesta ofensa obtenía una ración extra-aumentada de atención, compasión, colaboración, protagonismo, etc, etc. Y no es una reflexión del presente sobre hechos pasados, yo tenía esta sensación cuando ocurrían todas estas historias. También es verdad que estos conflictos siempre los protagonizaban las mismas personas, normalmente personas que se autoproclamaban como muy vehementes, justas y sinceras.

  • Precisamente. Muchas gracias, y un abrazo, Pilar.

  • Beckyblue dice:

    Supongo que cada uno alimenta el rol que más quiere jugar en el entorno en el que está. El que quiere ser protagonista busca la atención, el ser pobrecito o cotillear para estar dentro del cotarro…
    Mi rol en la escuela era, porsupuesto, el de niña buena que agradaba a todos y así actuaba; diciendo que si a todo, no siendo voz disonante, sin llamar mucho la atención…

    Lo bueno de todos estos jaleos es que las personas aprendemos a saber como actuar y que decir a determinada gente.

    besitos

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