¿Para qué sirven los exámenes?

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Hoy hemos terminado en Savia el proyecto sobre las palabras al que hemos dedicado casi tres semanas. Hemos estudiado la historia de la escritura, averiguado que ésta tiene más de 5000 años, que inicialmente fue pictográfica, luego jeroglífica y finalmente alfabética. La hemos practicado. Hemos dedicado tiempo a aproximarnos a las enciclopedias y diccionarios. Mientras tanto algunos alumnos -los más mayores- han asistido a lecciones sobre las categorías gramaticales, la acentuación, la tildación, los recursos estilísticos, etc.

Después de tanta actividad, necesariamente superficial, porque estos alumnos hasta hace un mes no utilizaban en sus colegios materiales reales sino libros de texto, hemos dedicado un tiempo a la evaluación. Esta actividad en las aulas actuales se ha limitado frecuentemente a poner exámenes y calificaciones pero raramente a la auto-reflexión sobre el proceso de aprendizaje. Nosotros como herramienta de autoevaluación hemos estado viendo los vídeos que hemos grabado ayer con las presentaciones de los murales que los grupos de estudios que realizado sobre distintos temas libremente elegidos (música, alimentación y naturaleza). El objetivo era comprender en la práctica la utilidad del texto escrito y que se vieran a sí mismos, observasen su lenguaje corporal, su forma de estar ante los compañeros, y la seguridad que transmitían además de valorar por sí mismos el aprovechamiento real o no de esta actividad.

Afirmar que la autoevaluación ha sido profunda sería mentir. ¿Quién puede hacer algo tan complicado bien a la primera cuando hasta ahora toda la evaluación era externa y tenían que hacer las cosas para dar cuentas a los adultos en lugar de a sí mismos? Sin embargo mi valoración ha sido muy positiva. Una sola valoración, por sencilla que parezca, si es sincera y real, vale más que todos los boletines de notas de la historia juntos.

Parecía que este proyecto estaba definitivamente acabado cuando ha llegado el momento de la pregunta imprescindible.

-¿No hacemos exámenes?
-No. ¿Para qué sirven los exámenes?

Así les he preguntado a mis tiernos alumnos de 6 a 12 años, muchos de los cuales me han dicho que eran una “tortura”. Pero la opinión con la que más de acuerdo estoy es con la que compartió una persona del grupo con este razonamiento que transcribo de forma literal:

Dicen que los exámenes son para saber lo que hemos aprendido, pero yo no lo creo así porque en realidad no hemos aprendido nada. Simplemente hemos estado memorizando lo que nos está explicando la profesora. Mira mi madre: mi madre sacaba sobresalientes. Bueno pues te puedo decir que cuando le pedía que me corrigiera las divisiones muchas me las corregía mal, pues porque había memorizado las cosas y luego en el examen ponía lo que había “aprendido”, pero no aprendido sino memorizado del libro que le habían explicado. Luego cuando ya se te olvida lo que has memorizado… has ido al colegio pero en realidad no has aprendido nada.

El supuesto “aprendizaje” que provocan se constata a los pocos años e incluso meses que ha quedado en nada. Eso lo constatan los docentes de todos los colegios cuando inician el curso y durante tres meses tienen que dedicarse a repetir lo que se supone que superaron el curso anterior. Sin embargo como adultos nos quedamos muy tranquilos porque nuestro hijo trajo un examen con un 7 escrito en la parte superior y un boletín de notas en el que ponía “notable” o “suficiente”. Y el boletín es un documento oficial, es el pasaporte al futuro. Pasado un breve tiempo todos constatamos que de aquellos aprendizajes ha quedado poco o nada, pero nos tranquiliza saber que conservamos un papel que dice que nuestro hijo/a ha superado con éxito los estudios. No puedo dejar de recordar la reunión que tuve hace unos años en un colegio con los profesores de secundaria que afirmaban que los alumnos acababan con 16 años sin saber separar frases, organizar ideas y poner mayúsculas en su sitio. ¿Entonces, qué significan las notas y los exámenes ampliamente superados?

Sobrecompensamos la realidad de que el aprendizaje es muy débil a través de un papel con firma y sello oficial que afirma lo contrario.

Y es hay personas a las que les engañan porque no son conscientes de estas cosas, pero hay muchos otros que prefieren seguir engañados repitiéndose una mentira que saben que lo es… no sea que pensar implique cambiar, desafiar lo establecido aunque no sirva tal como está y que les etiqueten de “rebeldes” como decía el alumno que hacía la reflexión que he compartido arriba. El que tenga entendimiento para entender, que entienda.

Un abrazo a todos y todas, desde la trinchera del cambio educativo.

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
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