Por mi grandísima culpa

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La culpa no es algo emocional: no podemos decir “me siento culpable”. Bueno, lo decimos, pero lo real es “pienso que soy culpable”. Y al pensar eso, empalmo con las ocasiones en las que mis padres han puesto esa culpa en mí. Revivo sus voces, su enfado, y acepto algo que me dijeron. Me siento hundido y abochornado por su tono de voz y su enfado. Es ese el sentimiento o la sensación asociadas a “sentirme culpable”

Si nos vamos al ámbito religioso, lo mismo podemos decir. La culpa es una etiqueta puesta por los demás. Culpa es lo mismo que “moralmente malo”. Si pienso que “soy culpable por no ayudar a mi marido”, es lo mismo que decir que “soy moralmente mala persona por no ayudarle”. No tengo permiso. En el fondo estoy enfadado con él y no acepto que no le quiero ayudar.

Sin embargo la culpa es -en principio- de las cosas más sencillas de quitar, como muestra el hecho de que mucha gente no tiene el más mínimo sentido de culpa. El paso es aceptar que no quiero, y aceptar que estoy enfadado con esa persona.

Yo me sentía culpable por coger unas monedas de la cartera de mi madre para jugar a las máquinas. Era un niño, no tenía consolas, y mis amigos tenían dinero para jugar a los míticos “Golden Axe” o al archifamoso “Tetris”. Durante años cargué con esa culpa que yo mismo me impuse. En mi cabeza resonaba la voz de mis padres diciendo “así empiezan los ladrones, robándole a sus padres”. Desde luego no aceptaba que era una necesidad para mí como niño jugar con mis amigos a algo que me gustaba. Esa culpa también guardaba el resentimiento por las cosas que como niño quería hacer y no hacía.

Hoy en día, ya aceptada esa realidad, no me pongo la etiqueta de “mala persona” por hacer algo que iba con mi naturaleza. En mi caso, la religión fue una carga en lugar de una ayuda. Mientras sigamos separando a los niños entre buenos y malos, y no aceptemos que su “maldad” es tener necesidades contrapuestas a las de su entorno cercano, andaremos poniendo cargas y culpas donde sólo hay personitas tratando de vivir felices.

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