¿Por qué a algunos niños siempre les duele algo?

Esta es la pregunta que me he estado haciendo bastantes meses. Todos conocemos algunos niños que tienen dolencias de forma habitual. En mi clase esto le ocurre a una de mis alumnas, a la que llamaré Rosa.

Rosa es una niña que casi todos los días me dice que le duele la barriga, le pica un brazo, o tiene pinchazos en la cabeza. Casi siempre a continuación me pide permiso para ir a la enfermería del colegio, a lo que obviamente le digo que sí. Mis interpretaciones y sospechas pueden acercarse o no tener nada que ver con los hechos. Definitivamente algo importante pasó hoy al respecto.

Hoy nuevamente Rosa se ha acercado a la mesa del profesor y me ha dicho:

-Me duele la cabeza.
-Rosa, todos los días te pasa algo. Una de dos: o tienes un problema de salud general y debes ir al médico a que te revise todos los órganos para ver qué pasa, o no es para tanto y el problema es otro diferente.

Rosa se va a su sitio y se sienta con la cabeza agachada

-Pero Rosa, no te vayas, ¡que estaba hablando contigo!

Me aproximo a su mesa.

-Dime… ¿qué necesitas?

Como una fuente sin fin, la niña rompe a llorar, desconsoladamente. Me aparto un momento para darle espacio y al minuto regreso y le pregunto.

-¿De qué te has dado cuenta que te has puesto de repente a llorar?
-De que en el cuaderno faltan muchas actividades de matemáticas del primer trimestre -me responde entre sollozos.
-¿Y cómo te sientes?
-Pues… rabiosa.
-¿Con quién?
-Conmigo.

Cuando estamos enfadados con nosotros mismos, estamos usando un mecanismo llamado retroflexión. La consecuencia es que nos hacemos a nosotros mismos lo que nos gustaría hacerle al resto del mundo.

-No lo creo, Rosa. El enfado no es contigo. ¿Con quién es?
-Conmigo, porque no hice lo que necesitaba hacer: los deberes.

Para estas alturas, les he enseñado que aprendan a darse cuenta de qué necesitan hacer. Pero, por la forma en que han sido educados, confunden lo que “deben” con lo que “necesitan”.

-En lugar de hacer tus tareas durante ese trimestre ¿qué hiciste?
-Jugar.
-¿Y qué necesitabas hacer?
-Los deberes.
-¿Estás segura? ¿Cuántos años tienes?
-Ocho.
-¿Y tu sientes que lo primero que necesitas con ocho años es hacer los deberes? ¿No será más bien jugar?
-Jugar… sí.
-¿Y cómo te sientes?
-Rabiosa.
-¿Con quién?
-Con mi padre, porque siempre dice que primero tengo que hacer los deberes.

En ese momento su tensión corporal ya es muy obvia. Inicialmente había estallado a través de las lágrimas, pero frecuentemente esa es una forma de encubrir la rabia, particularmente las niñas, por su educación de género (ya sabéis: “las niñas que pegan son unos marimachos”).

Suena el timbre del recreo y les indico a los compañeros que salgan al patio. Al mismo tiempo le pido a Rosa que me acompañe, junto con dos compañeras de clase a la cercana sala de psicomotricidad, donde hay grandes cubos de espuma. Nada más llegar le pregunto:

-¿Como te sientes ahora?
-Sigo enfadada con mi padre.
-¿Y de qué te dan ganas?
-De dar golpes.
-Pues ahí tienes… dale bien fuerte.

En ese momento, bajo mi apoyo y supervisión y la mirada interesada de sus dos compañeras, Rosa empieza a dar golpes. Mientras, le animo:

-Dile a tu padre lo que necesitas.
-¡Necesito jugar primero!
-Díselo más fuerte, que está en el trabajo y no te oye desde aquí.
-¡¡Que necesito jugar lo primero!!

Al medio minuto Rosa deja de golpear.

-¿Cómo te sientes?
-Mucho mejor.
-Con esto que has descubierto ahora, dime una primera cosa que vas a hacer.
-Decirle a mi padre que necesito primero jugar y después, cuando termine, haré las tareas.
-Sólo si te da tiempo -apostillo.

En ese momento miro sus piernas y está moviendo los tobillos.

-¿Qué necesitas ahora?
-Irme a jugar.

Efectivamente… ya han pasado 10 minutos del recreo.

Con toda seguridad Rosa va a dejar de tener tantos pequeños problemas de salud. Ya no va a generar en sí misma la agresión que necesita expresar al exterior. Es una sana agresión en la que la niña pone “sus” límites y le grita al mundo sus necesidades.

Algunos pueden juzgar una mala acción pedagógica. Efectivamente, he animado a Rosa a ponerse a sí misma como prioridad, por encima de los requerimientos paternos o del ámbito escolar. Pero la realidad es que no soy nadie para violentar a una criatura de 8 años a hacer lo contrario de lo que necesita. Y no hay ley nacional que me pueda obligar a hacerlo. ¿En qué me baso?

El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones […] la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho

Principio 7º
Declaración de los Derechos del Niño
Organización de las Naciones Unidas
20 de noviembre de 1959

Esto es educación en valores. ¿El valor? El respeto. A nosotros mismos, lo primero. ¿Y los dolores? Puras retroflexiones.

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