¿Qué se consigue con la repetición de curso?

Los foros de padres en estas fechas están que echan humo sobre el asunto de la repetición. Padres asustados con o sin razón buscan auxilio y consejo entre sus iguales y reclaman el derecho a imponer su criterio sobre el del docente.

¿Qué es lo quieren evitar? No podemos negar que la repetición es un estigma social que el sujeto se autoasigna: “no valgo”. Lo he visto y vivido durante muchos años en la escuela tradicional. Los padres con razonable criterio buscan evitar que esto ocurra, y hasta el docente que manda a repetir a un determinado estudiante es comprensivo con esta preocupación de sus padres… como si en el fondo prefiriera no hacerlo. Entonces ¿cómo es que ocurre?

Si aceptamos que el agrupamiento de los niños en la escuela en base a su año de nacimiento es la forma óptima de educación, porque ayuda a que cada persona aprenda “lo que debe aprender” en cada momento, la repetición es la constatación pública de un gran fracaso. No ha dado la talla, se ha quedado corta, no es capaz de hacer lo mismo que sus compañeros, no fue capaz de estar al nivel que le correspondía.

Los padres rechazan la repetición por que el sistema educativo al requerir la repetición está afirmando que esa persona no está a la altura. Este hecho mina la autoestima del estudiante, puesto que los propios alumnos rápidamente, desde su óptica infantil, se identifican con el fracaso escolar: “no valgo para matemáticas”, “soy malo en lengua”, “no se me da el inglés”… Todo esto ocurre incluso aunque nadie les diga que es así. Son la propia organización del sistema educativo y la explicación que éste da a las familias los que hacen que el alumno se asigne esa etiqueta: “no puedo seguir con mis compañeros de mi nivel porque… no estoy preparado”.

Cualquiera que haya conocido a un niño en estas circunstancias ha constatado el efecto que tiene la repetición en el autoconcepto del menor. No es la separación de sus compañeros (no nos engañemos, en las aulas no les suelen dejar interactuar): es lo que dicha separación significa. Dicha repetición aumenta en el alumnado las posibilidades del fracaso en lugar de reducirlo, si comprendemos que el fracaso escolar no se da por la dificultad del contenido educativo, sino por la actitud que el propio alumno tiene hacia aquél. Lo que hace que un alumno esté más motivado no es la distancia que hay entre la capacidad del alumno y el aprendizaje que se plantea, sino la que el alumno cree que hay. Si él o ella cree que es inalcanzable, no avanzará ni un metro, aunque esté a sólo unos centímetros. Así que, en esencia, es ineficaz dicho método… aunque dentro del paradigma educativo general, parece que hay pocas opciones.

Pero ¿es cierto que la forma óptima de aprendizaje se produce al agrupar a los estudiantes por edad, o incluso por nivel académico?

Durante todo el curso que termina en la Escuela Activa Savia se han impartido lecciones de todo tipo con participación de niños de muy diferentes edades.

Por hablar sólo de este último mes de junio, a petición del alumnado, se ha creado un grupo de estudio de Historia, formado por hasta 7 alumnos que han asistido durante una semana y media a una lección de historia sobre la Edad Media. En dicha lección había personas de 1º a 6º de Primaria, las cuales participaron con interés realizando preguntas al tiempo que veíamos algunos vídeos e imagenes sobre la división social en aquella época, la forma de vida, las edificaciones, etc. Al recreo sus juegos se convirtieron en una escena medieval con sus reyes y reinas, nobles, clero, campesinos, etc… verles jugar era una constatación de la asimilación de lo estudiado que permitía seguir profundizando en ello al día siguiente.

También ha habido durante el último trimestre del curso un grupo de estudio de las tablas de multiplicar, con diferentes niveles de desarrollo y apoyo mutuo. En él, desde una persona de 1º de Primaria que ha terminado el curso sabiéndoselas todas excepto la tabla del 9, hasta otras dos de 3º y 4º que han logrado multiplicar por tres cifras con notable autonomía y comprensión. Junto a ellos, una persona de 4º de primaria que empezó el curso diciendo “que no valía para las mates” y ha acabado dándome las gracias por ayudarla a descubrir que las mates le gustan (no se sabe aún todas las tablas pero el último día ya decía que cada vez las estaba aprendiendo más rápido: “casi una tabla en un día”). Todos aprenden, cada uno en su nivel, y todos avanzan, cada uno desde el punto en el que se encuentra. A ninguno se le penaliza por su velocidad y a ninguno se le premia por su aprendizaje. El propio aprendizaje es la recompensa, no el reconocimiento social. Estudian para aprender, no para aprobar.

Como último ejemplo, una persona repetidora de 4º de primaria (muy desmotivada hace sólo unos meses) y otra de 6º han estado estudiando la regla de 3, los porcentajes y las proporciones directas e inversas con ejemplos. Al terminar quisieron hacer un autocontrol con 3 preguntas que por supuesto ambas superaron tras sólo 5 lecciones de 20 minutos.

En resumen: la diversidad es la esencia de la sociedad. ¿Por qué los responsables tienen tanto miedo de organizar las escuelas de una forma diferente? La comparación permanente entre alumnos en base al año de nacimiento, que establece un currículum uniforme y una organización escolar rígida, perjudica a todos: en general porque no toman ningún protagonismo ni responsabilidad en su propio proceso de aprendizaje, más allá de obedecer lo que les “indican sus profesores”, y en particular: a los que “van sobrados” porque dejan de ponerse nuevos objetivos una vez que han conseguido los anteriores o -incluso peor- se aburren; a los que “van justos o no llegan” porque establecen cotas inalcanzables para toda su escolarización, crean una autoimagen negativa de sí y cronifican el fracaso; y a los que “van bien” porque acaban pensando que son la medida de todas las cosas. En una sociedad uniformizadora la escuela tradicional tiene sentido, pero en una sociedad que afirma promover la libertad individual, la pluralidad, etc… es un despropósito establecer que la edad sea el parámetro de todas las cosas educativas, en lugar del interés, la capacidad o la necesidad subjetiva. Los grupos multigrado con un currículum abierto y grupos mixtos de aprendizaje tienen en cuenta realmente al alumnado y promueven su iniciativa y responsabilidad en el propio proceso de aprendizaje.

Huelga decir que en Savia ninguna persona repite curso, es más, ni siquiera tienen calificaciones numéricas de algún tipo. Cada uno sale de la escuela cuando ha aprendido lo que necesita antes de irse, y nunca cambia de compañeros, porque no se separan por edades, sino por necesidades. Creo que un cambio de organización está al alcance de cualquier escuela que quiera hacerlo, no es una cuestión de dinero, sino de formación y experiencia docente.

Feliz verano a todos, también a los padres de los repetidores.
repeat

La Escuela Activa Savia
es miembro de EUDEC
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