¿Qué significa el graduado escolar?

Los padres y profesores enarbolamnos la bandera del graduado escolar como si fuera algo valioso en sí, una garantía de futuro. Y la realidad es que es puro humo. ¿Qué acredita ese título en realidad?

Me respondo. La condición para obtenerlo consiste en haber demostrado que en un momento de la vida del estudiante alcanzó la capacidad de memorizar y repetir una serie de conceptos procedimientos innecesarios para su vida. Ese momento fue el día del examen. Dicho de otra forma: si diez días después de cada uno de esos acreditativos exámenes le impusieran esos mismos exámenes ¿tendría los conocimientos para superarlos?

Es obvio que lo que se evalúa en la escuela son los conocimientos y no la sabiduría, al menos en la escuela española de este momento. ¿Cuál es la diferencia? La sabiduría es experiencia, es hacer las cosas. El conocimiento es teoría no aplicada, es decir cómo se harían las cosas, es puro discurso (por lo general una miniatura de lo que hacen muchos profesores universitarios). La sabiduría no se olvida. Los conocimientos se repiten y pasan a un residuo de la memoria. (Recomiendo el visionado de la película “El guerrero pacífico”). Decir cómo se llaman las piezas de una bicicleta y cómo se repara un pinchazo es “conocimientos”. Montar en bicicleta y repara un pinchazo es sabiduría. La última ley de educación LOE, apunta por este camino al hablar de las competencias, pero en la práctica se está convirtiendo en algo olvidado y puntual, no el centro de la actividad educativa.

De hecho, bien es cierto que, si a los alumnos que terminan primaria o secundaria con su graduado en la mano les pedimos cualquier tarea que no se cumplimente con papel y lápiz, seguramente nos demostrará que no sabe hacer nada de eso. Seguramente no tiene ni idea de por donde empezar.

Estoy hablando de tareas tan esenciales para una actividad profesional como reparar un elemento eléctrico o de madera, crear un elemento estético con significado, comunicarse competentemente y con respeto, expresar sus emociones en público, convencer a otra persona de sus argumentos, crear algo artístico, inventar un sistema o un aparato, organizar una agenda, bailar, extraer conclusiones de un discurso, distribuir un grupo humano en un espacio dado, organizar una excursión, limpiar un baño o preparar un cocido.

Con razón en el primer empleo se pone en evidencia que realmente no sabemos HACER nada. Que todos los estudios fueron una teoría poco menos que inútil para la actividad profesional real. Todo lo tenemos que aprender desde el principio. Hemos quitado del medio a los aprendices, y ahora sólo quedan estudiantes, como si esto fuera un avance. ¡Qué gran error!

El problema esencial, desde mi punto de vista es que, con la pretensión de la obtención del graduado escolar, a lo largo de los años los alumnos han sido empujados a invertir sus energías en cosas inútiles y sin valor para ellos que les ahogaron su capacidad de desear e interesarse por la vida en general y por su vida en particular. Porque, si algo es indiscutible es que, cuando sé lo que quiero, hago lo que sea para conseguirlo. Tenía un compañero que pasaba de todo en bachillerato. Le imponían profesores y asignaturas fuera de su interés, y las cuales sobrellevaba a trancas y barrancas. Hasta que logró llegar a la universidad accediendo con la nota mínima a la carrera que le entusiasmaba, Historia. Terminó la carrera de forma brillante.

Pero, según los dictados y orientaciones de los adultos, los chavales son empujados a desperdiciar sus años de mayor capacidad de aprendizaje, creatividad y desarrollo en estudiar algo ajeno que les servirá para hacer algo que no es lo que desean hacer.

Entonces ¿cuál es la finalidad de la escuela? ¿Proveer de unos títulos que permitan tener ingresos económicos, a costa de la felicidad de las personas? ¿o ayudar a las personas en su conquista de la felicidad y el desarrollo de su potencialidad en aquello para lo que tienen talento?

Honestamente, me pregunto para qué me ha servido en la vida saber que la palabra “mesa” es un nombre y “caliente” un adjetivo. Soy escritor no profesional. Sé que me expreso bastante bien. Y sin embargo de nada me ha servido. Pero a día de hoy mis alumnos “deben” aprenderlo. Se lo enseño, hago ejercicios y juegos… y lo aprenden. Puedo decir que les gusta (con 7 u 8 años les gusta casi cualquier cosa). Y mientras sé que les estoy sacando de su verdadero camino, imponiendo uno que han decidido los parlamentarios y catedráticos de universidad que si pisan una escuela será para dar una conferencia.

Termino. Porque luego está el argumento que dice: “bueno, nosotros nos han enseñado, y no nos hemos traumatizado, y estamos viviendo y bien, hasta aquí hemos llegado, hemos logrado cosas en nuestra vida…” Claro, pero exactamente ¿qué es lo que ha/hemos logrado la generación de los adultos de los 30 a 55 años? ¿En qué se supone que hemos tenido tanto éxito? ¿En qué hemos alcanzado algo envidiable en la vida? ¿En qué somos un modelo que merezca la pena repetir?

En fin, comparto estos pensamientos “anormales”, pues ya es hora de que le quitemos a la escuela actual su estatus de dogma incuestionable e inmutable, cuando en realidad, para lo reciente que es el sistema educativo actual (apenas 200 años), ya esta completamente envejecido y desactualizado. Por suerte los testimonios de otros países así lo acreditan.

Y que conste que los vientos que soplan en las altas instancias sobre el futuro de la escuela no augura mejoras, sino más sinsentido.

Abrazos a todos y mucho ánimo en este fin de trimestre.

Una respuesta a ¿Qué significa el graduado escolar?

  • anae dice:

    Lo realmente importante de la escuela, no es el título que ofrece a los muchachos, sino la cantidad de vivencias, experiencias y recuerdos que unos años después les queden. O al menos yo creo que debería ser así. Un saludo Fran.

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