Reflexión de un estudiante de Magisterio

Aquí os ofrezco una jugosa reflexión de un estudiante de 3º de Magisterio fruto de sus prácticas. Algunos de sus comentarios me parecen bastante fuertes, como para plantearse cambiar algunas cosas en el mundo de la escuela.

REFLEXIONES A GOLPE DE TIZA Y BORRADOR
Por Javier Gómez (Santander, Cantabria)

La primera constatación a la que he llegado en mis prácticas como maestro sobre la imagen social de la infancia es que de entrada el uso del génerico “persona” para referirnos a los niños es realmente infrecuente. Si con de una adulto decimos que es una “persona adulta”, de una niña o un niño no decimos con tanta frecuencia “esa persona”.

Esto no es ni más ni menos que reflejo de la distinta categoría social en la que hemos metido a la infancia. En teoría son igual de “personas” que el resto de “personas”. Pero incluso en esa afirmación asoma la distinción. Son más bien “personitas”; no llegan a ser personas del todo. En la práctica los niños tienen menos voz, menos atención, menos respeto, menos dignidad, menos consideración que un adulto.
Para empezar desde que nacen les hablamos con onomatopeyas, ruidos, interjecciones y toda clase de sonidos para nada parecidos al lenguaje que esperamos lleguen a adquirir algún día. Si manipulamos nuestras expresiones de forma grotesca y exagerada entorpecemos la compresión del ya de por sí complejo lenguaje humano compuesto por tantas vertientes: oral, facial, corporal-gestual, etc.

Hace unas semanas escuché a un padre decir a un director de un colegio que las cosas ya no son lo que eran. Decía el padre que los profesores ahora se asustan y le miran como si fuese un maltratador -eso interpreta él- cuando les dice que si hace falta le pueden dar un tortazo, meneo, azote a su hijo si lo ven necesario: mejor una torta a tiempo.

A mí también me educaron con tortas. No creo que nadie vaya a defender que así se traumatiza a los niños, pero ello no significa que agredir a una persona, violentarla con un empujón, un cachetazo, un azote suavecito, no sea faltarle al respeto, pisotear su dignidad, rebasando los límites que no les permitimos a ellos traspasar con nosotros.

También me he dado cuenta de que muy frecuentemente etiquetamos a los niños de un modo injusto y cruel, condenándoles a cumplir nuestras profecías pues en el fondo, ellos quieren recibir nuestra aprobación. Ese niño es “un pegón”, esa niña es “una sorda”, esa niña es “una charlatana”, ese niño “es repelente”.

Realmente he podido constatar durante las prácticas de maestro que demasiado a menudo, incluso los maestros tienen un comportamiento deplorable con otras personas. Con los niños en concreto.

Esa actitud y predicciones por parte de los adultos, no hace sino coartar las posibilidades y capacidades de los niños. Esto es muy claro es asuntos de género y orientación sexual.

Presionamos e inducimos a la infancia a cumplir normas y patrones artificiales, estereotipados y restrictivos, y con ello impedimos que se desarrollen y crezcan en plenitud. Decimos que niños y niñas deben de jugar a cosas distintas, vestir distinto, gustar distinto, expresar emociones de forma distinta; y cuando no lo hacen como queremos, los rechazamos y decimos: “eso son cosas de niñas y tú no debes hacerlas”, o bien “las niñas no hacen esas cosas”.

Les negamos la posibilidad de elegir, y con ello les tratamos como no-personas. Hablamos de igualdad de género, pero la realidad es que no nos da igual el género.

Al decir anteriormente que su voz no cuenta me he referido a que nadie pregunta en la escuela a los padres qué quieren que sus hijos aprendan, nadie le pregunta a los niños qué quieren aprender, qué les interesa, qué les motiva, qué les intriga. Parece que no cuentan y eso que son los principales interesados en su educación: sólo ellos podrán vivir su vida; nadie puede ser feliz por ellos. ¿Hasta qué punto podemos decidir como adultos “responsables” y omnipotentes cómo van a ser más felices?

Creo que proyectamos en la infancia muchos de los miedos que tenemos, de las insatisfacciones que arrastramos, pero no somos capaces de permitirles hablar de verdad. Queremos controlarlos al cien por cien, que sean tranquilos, que estén estables y trabajen aplicadamente. No parece que queramos que sean niños.

Debemos de replantearnos qué sociedad somos, qué podemos hacer mejor que nuestros padres, qué oportunidades les estamos brindando de hacer una comunidad más sana para todos.

4 respuestas a Reflexión de un estudiante de Magisterio

  • viergom dice:

    Sólo diré una cosa: ¡zasca!

  • pilarcasota dice:

    Gracias por tu reflexión, estudiante.

  • Beckyblue dice:

    Ya veo que os gusta el hurgue. Hurgad, porque “tie que haber”… posibilidad de educar diferente.

  • mariajesus dice:

    Hace días que leí tus reflexiones querido amigo y quiero compartir contigo algunos pequeños matices, que desde mi madurez te aporto y lo hago por mí. Me encanta poder utilizar estas conversaciones para reflexionar.

    Soy madre, incluso por tu edad podría ser la tuya. Tengo tres maravillosos hijos con los que comparto mi vida y ellos me permiten compartir la suya.

    Antes de nada agradezco tus inquietudes, el movimiento es lo que nos hace sentirnos vivos y trataré sin embargo de traducir algunas de tus reflexiones a la realidad de una maternidad responsable, desde un hogar en familia.

    Hace tiempo dejé de pelearme, aprendí a convertir mi energía reactiva en proactiva, por eso amigo, (no sé cómo te llamas), no voy a pelearme con que a los niños no les incluyamos dentro del uso del genérico personas porque lo son incluso llamándoles niños, y con quien no sea así, no conseguirás lo contrario por mucho que consigas llamarles personas. Sin embargo te diré que soy madre y mis niños son personas pero jamás renunciaré a llamarles niños. Aprendí hace tiempo, en PNL mucho más que aquello tan concreto. Tendrás hijos y ya veremos…., yo tampoco pienso renunciar al placer de compartir gorgoteos con mis bebés que cuando lo fueron y con tan solo dos meses, como muchos otros, me respondían incluso con sonrisas provocadas. Se flexible maestro.

    De lo de la mano dura ni un comentario, para mi es inaceptable. Para poder defenderlo puedo asegurarte que jamás les he dado ni una palmadita de castigo, no puedo, ni sé, ni quiero, pero también te digo que tus hijos serán capaces de ponerte al límite, te lo puedo asegurar y para eso sólo tendrás que esperar. Sin embargo me reitero en que jamás podré justificarlo, somos personas adultas (adultos) a diferencia de las personas niños (niños) y eso es parte de nuestra madurez de padres. También quiero hacerte una reflexión nada fácil, aquellos que lo hacen puedes estar seguro de que no lo saben hacer mejor. No conozco padre que no ame a sus hijos con locura y más aquellos a los que te refieres. El cambio de cada uno, su madurez les llegará si la buscan, no trates de imponer, nada conseguirás.

    De lo de las etiquetas te cuento otro ejemplo, yo los voy teniendo cerca y los vivo de otra manera, ni mejor ni peor, diferente y por lo tanto enriquecedora al compartirlas.

    Tengo un niño de tres años, te puede asegurar que precioso, (jajaja) además simpático y dicharachero. En la parada del autobús es la delicia de los otros padres que le bromean y le miman. Un día llegamos con un poco más de tiempo de espera de lo que es habitual y uno de los padres empezó a decirle lo simpático que era, lo marchoso y gracioso etc… Yo me di cuenta de que en la misma medida en la que mi hijo se crecía y multiplicaba sus habilidades cómicas la hija de este adulto, persona o como quieras etiquetarlo se escondía detrás de las piernas de él. Yo intenté hacerla carantoñas, lo hago habitualmente y mientras la niña se encerraba en su historia, su padre “alardeaba” de lo cardo que era,…. “igualita que su madre”. Puedo contarte lo que mi cuerpo me pedía que hiciera, puedo decirte sin embargo lo que hice, no hice nada porque sé que era eso lo que debía de hacer. Aquel padre, al que conozco, puedo asegurarte que adora a su hija, que además es la única, y lo hace lo mejor que sabe. Él gastó una broma de personas adultas que sin embargo no están preparadas para entender las personas niños (todos somos personas pero unos somos adultos y otros son niños, dejémoslo estar). Lo que hizo lo hizo además por amor, cualquier cosa que yo hubiera intentado hacerle comprender no lo habría entendido, por eso también se que ya tengo la paciencia que se necesita para ayudar sólo a quien lo necesite y me lo pida.

    Aprendí que intentar imponerme a tales situaciones con la razón y por encima de,,,, es arrogancia. Ahora sin embargo que cambio yo, cambia el mundo cercano que me rodea, mis hijos, mi marido, mi padre….., y otros como ese padre que se me acercan y me preguntan. Porque amigo el mundo se cambia cambiando el tuyo. Mientras te preocupe el de los demás tienes una tarea pendiente. Cuando tú cambias dejas de dar explicaciones. Ya no necesitas el reconocimiento. Todo a tu alrededor se ordena inexplicablemente.

    En cuanto a la igualdad de género te adjunto el enlace a mi blog para que sepas lo claro que yo tengo que no existe tal igualdad y que nos hemos perdido, porque todo esto empezó con la “igualdad de oportunidades para los dos géneros” y hemos acabado en la igualdad de género que nada tiene que ver.
    http://sololibreresponsable.blogspot.com/2010/10/somos-iguales-cuando-nos-aceptamos.html

    En cuanto a lo que podemos hacer por nuestros hijos mejor que lo hicieron nuestros padres te diré que nada. Ellos lo hicieron mal (si así lo piensas que yo no) por amor. Nosotros sólo lo podremos hacer por nosotros mismos y a partir de ahí por nuestros hijos, porque cuando planteas hacerlo mejor con nuestros hijos de los que lo hicieron nuestros padres ya estás amenazando con hacerlo por ellos y siento decirte querido amigo que ese no es el camino.

    Me dijo un sabio un día..

    – ¿Qué quieres dejar de herencia a tus hijos?

    Yo que creía saberlo le contesté enérgicamente…

    – Paz, serenidad, capacidad de elección, felicidad. (hoy me doy cuenta de que esto es tan intangible e indefinido que a saber en lo que estaba yo pensando)

    El sabio me dijo en voz baja

    – Nada podrás dejarles que tú no tengas.

    Si mis reflexiones sobre las tuyas te han servido de algo me alegro de haberlo podido compartir contigo.

    Para mí es un paso más, como te dije al principio lo hago por mí, es la mejor manera de hacerlo por ti también, si tu quieres.

    Gracias por permitirme estar.
    maríajesus.

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