Super Nanny (1)

Super Nanny es un tema peliagudo con muchos flecos por pulir.

Por un lado el conductismo funciona. ¡Vaya que si funciona! También funciona el método Estivill para que los niños duerman sin llorar, y funciona el método de meter a los niños en una bañera de agua fría de cintura para abajo cada vez que se orinan (esto último lo he escuchado de una maestra contemporánea).

También funcionaba la vara de nuestros abuelos, por suerte prohibida. Funciona hasta la moto mal regalada para conseguir que el hijo saque el graduado escolar. Funciona el “si te mueves, palo que te crió”. Funciona la economía de fichas. Por funcionar, funcionaría hasta el látigo si estuviera permitido (y más de un padre estaría encantado para lograr que su hijo haga su voluntad en todo momento). Pero ¿qué significa que “funcione” en este contexto?

¿Significa que el niño aprende el valor de hacer algo por el beneficio que ese algo tiene realmente para el niño? No, sólo lo hace por miedo a perder un beneficio. ¿Significa que el niño asume la interdependencia de la vida familiar, que vive el “dar y recibir” como algo que enriquece a todos los que forman el hogar? ¿Con esta comercialización de los comportamientos es posible sentir que detrás de las muestras de cariño hay algo de amor o sólo una interesada programación de mente y cuerpo?

Me rechina horrores esa mecanización de Super Nanny diciendo con falsedad a los niños “lo hay hecho muy bien, felicidades”, solo para condicionarles para que repitan dicha conducta. Y me rechina tanto como la falsedad de los que le suelen decir habitualmente “está mal”, o “eres malo”. Todo eso son frases para que el niño identifique lo que el padre necesita del hijo, pero en la práctica se están convirtiendo en una norma para toda la vida.

Es tan obvio como la diferencia entre decir “eres feo” y decir “a mí no me gustas”; o “eres guapo” y decir “me gustas”.

Para mí hay una diferencia infinita entre decirle a un niño “eso así no está bien hecho” a decirle “necesito que lo hagas de otra forma”. En el primer caso le estamos introyectando una creencia al niño impidiéndole que aprenda verdaderamente y poniéndole una carga emocional. En el segundo estamos pidiéndole algo que necesitamos y le introducimos al mundo de la intersubjetividad, el respeto y la colaboración mutua.

Pero bueno, como todo, esto no se trata de repetir una frase diferente de la que dice Super Nanny, pues sería igual de falsa que las suyas. Se trata de sentirlo, y ser honesto con los niños, tratándolos como personas, no como ratones a los que acostumbrar a hacer tareas de forma mecánica.

La mecanicidad impide la creatividad, y en su lugar, empuja a la persona a hacer las oosas de forma automática. Eso no es educar personas listas para relacionarse con otras personas, sino programar robots para el beneficio y la comodidad de los padres. Ningún sistema educativo que crea en la libertad, la creatividad y la dignidad de los niños, puede ser congruente con el conductismo de Super Nanny.

Tantas explicaciones y ordenes sólo son propias de espacios donde prima el control y, por ende, el miedo a la libertad. Así, cuando los niños se hacen mayores y rechazan toda imposición exterior se quedan con… CON NADA pues nada han aprendido, ya que todo lo hacía por imposición externa, no por descubrimiento personal.

Hay otras de Super Nanny que me parecen interesantes, pero esas las comentaré otro día. Feliz misa de gallo. Kiki ri kíiiiii.

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